
Estos días he estado pensando que hemos sido muy ingratos los que criticamos a los gobiernos de la Cuarta Transformación, como con sobrada razón les da por llamarse.
Han transformado todo, pero para empeorar.
Y no podemos exigirles que sea para mejorar, porque como repitió muchas veces López Obrador, lo determinante para llegar a legislador o funcionario es ser 90 por ciento leales a la causa y 10 por ciento de capacidad; y hemos visto que han cumplido con creces, los requisitos.
Además de ingratos, nos pasamos de malagradecidos; porque no valoramos, lo mucho que de ellos hemos aprendido.
Sabemos que decir mentiras como las más de 110 mil que le documentaron a AMLO, no conduce a nada malo.
Y que Sheinbaum es también mentirosa, pero parece estar más preocupada que su amo, por nuestro avance cultural.
Porque sin tener que recurrir a academias o libros de texto, solo aprovechando lo que a diario sucede, hasta un nuevo idioma nos está enseñando.
Nos recalca que no son refinerías ilegales y clandestinas sino “centros de procesamiento» esas grandes edificaciones con grandes contenedores y entradas constantes de pipas y carros tanque de las que nadie en el gobierno parecía darse cuenta, aunque estuvieran como la de Cadereyta en Tamaulipas a kilómetro y medio del cuartel de la Guardia Nacional y hayan refinado millones de litros de crudo robado al país y significado 131 millones de pesos al día de pérdida para PEMEX.
Sostiene la presidenta que las frecuentes explosiones en pozos y plataformas de esta empresa paraestatal, que han ocasionado muertos y heridos, no han contaminado nada ni dejado a pescadores sin trabajo; porque “el mar solo presenta flujo (así es como en el nuevo idioma se llama al chapopote) en la superficie”.
Y tampoco debemos exagerar llamando apagones a los cortes de luz, porque son “momentáneas interrupciones en el suministro eléctrico” causadas por el aire o por nosotros mismos; “porque consumen mucha electricidad y si quieren que baje el precio, pues consuman menos”.
Ni debemos alarmar de más, llamando descarrilamientos a los constantes accidentes en las vías de los trenes que mandó construir AMLO, con recursos millonarios que negó a obras indispensables y cuyo mantenimiento seguimos pagando, sino “flujo de vagones que se mueven de la vía”.
El Tren Interoceánico ha tenido un “percance” cada 45 días, el peor fue el pasado diciembre y dejó 14 muertos y más de 100 heridos, pero no ocurrió por la mala infraestructura empleada para robarse dinero, cobrándola como si fuera tecnología de punta, sino por “incidentes de desplazamiento entre tren y rieles”.
Los aspirantes a gobernar algún estado de la república empezaron ya ilegalmente sus campañas, pero no son precandidatos sino “Coordinadores en defensa de la Transformación”; y válgame, Dios de pensar que anden en campaña, solo “caminan el territorio”.
Los baches que nos caracterizan desde que la 4T llegó al poder, son “eventos”.
Y “afectaciones” las inundaciones, que por no destapar las coladeras llenan de aguas negras cada tarde de aguacero moles de casas de gente pobre.
Nuestra frágil economía y la creciente carestía, no significan que el gobierno deba cambiar estrategia; son, por el contrario, “signo de que vamos muy bien”.
Las burlas y amenazas de Trump a México y a la presidenta, indican “que defendemos la soberanía y hay buena coordinación con EU”.
Los cientos de miles de millones de dinero fiscal que el gobierno entrega a diferentes grupos de edad como si fuera regalo de Sheinbaum, no son para comprar votos sino “para que vivan con bienestar”; aunque ese bienestar de la transformación no incluya salud, alimentación, transporte, viviendas y educación de calidad.
La nueva ley que la presidenta y sus legisladores están promoviendo para calificar y castigar a medios y periodistas que los critiquen, no es censura ejercida desde el poder como el gremio ha dicho; sino “aplicación de los lineamientos generales para la protección de los derechos de las audiencias”.
Derechos, que el gobierno viola cotidianamente, porque es totalmente opaco; imposible apuntar aquí la cantidad de información que debiera ser pública y se ha ocultado.
Entre las más recientes, el uso del Castillo de Chapultepec para una fiesta de la FIFA a la que asistió Sheinbaum, quien asegura que se cobró a Infantino un millón de pesos sin mostrar contrato o cheque recibido y debiendo saber que la ley prohíbe rentar un edificio histórico de esa magnitud.
Le ha dado a la presidenta por “reservar por seguridad nacional” información relevante, como el costo del Tren Maya y las acusaciones de narcopolíticos contra varios de sus cercanos.
Trump lleva meses exigiéndole extradite a 10 de sus compinches por su comprobada complicidad y apoyo al crimen organizado que introduce drogas a EU, pero para la presidenta son “víctimas de la derecha nacional conservadora que junto a los gringos de derecha buscan frenar el avance de la transformación en México”.
Y dice que los legisladores y funcionarios que bajo la 4T se han enriquecido, no es porque sean ratas; sino “porque han sabido hacer negocios limpios y ahorrar de lo que les producen”.




