lunes, junio 29, 2026
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CÁPSULAS SARAPERAS

Don Juan Lobato

En esta ocasión te platico la historia de un Saltillense por adopción quien además de popularizar el deporte de las tacleadas, logró tocar corazones y formar generaciones aquí en nuestra hermosa ciudad de Saltillo, me refiero al coach don Juan Lobato Sánchez.

Nacido en la ciudad de Colima, conoció el fútbol americano en el Instituto Politécnico Nacional jugando para los Burros Blancos. De hecho, en el no tan lejano año de 1951, don Juan Lobato fue participe del juego inaugural del estadio de la Ciudad Universitaria, allá en la capital del país, cuando su equipo se enfrentó a los Pumas de la UNAM. Para el año siguiente, es decir en 1952, llegó a Saltillo, seguramente sin saber que haría historia, forjando jóvenes en el deporte y para la vida, así como para construir un legado.

Durante su época, 18 años, como coach del Ateneo, llegó a entrenar 3 equipos de la misma escuela; el Ateneo Rojo, el Ateneo Blanco y los Dragones, estos últimos utilizaban colores blanco y verde. De hecho, en 1957, cuando el Ateneo logró su primer campeonato de futvol americano, fue en la final disputada entre el Ateneo Blanco y el Ateneo Rojo, con un marcador de 25 a 6 coronándose el equipo blanco.

A partir de ese momento llegó una ristra de campeonatos encabezados por don Juan Lobato. En el 58 los Dragones fueron campeones, con alumnos de la secundaria. Déjeme explicarle estimada y estimado Saltillenses que en el Ateneo Fuente, hasta principios de los 70´s además de bachillerato había secundaria. Pero volvamos a los campeonatos logrados durante la época de don Juan Lobato, como lo fue en 1960, y para 1961 lograron el bicampeonato. Y en 1967 logrando su último campeonato con los rojiblancos.

Fue un hombre que entendió perfectamente que al ser entrenador del deporte de las tacleadas, es sinónimo de forjador, de guía y hasta de consejero. Entrenador estricto, que por cierto no te permitía tomar agua sino hasta que el entrenamiento concluyera. Persona que utilizaba frases sencillas pero muy explicitas con sus pupilos, como cuando les decía: “Culums no bellicus”, cuya traducción cotidiana no la puedo dar, o bien, cuando alguien faltaba a la práctica por andar de novio, se le oía decir, una frase que hoy sería políticamente incorrecta: “Mueve más un par de nalgas que una yunta de bueyes”.

Anécdotas hay muchas, como cuando sorprendió a un jugador suyo con una cajita de cerillos, don Juan lo regaño, pues estaba más que prohibido fumar, el pupilo le dijo que esos cerillos no eran para encender cigarro alguno, el coach le contestó con la pregunta: “¿Entonces para que traes esos cerillos?”, el jugador le contestó: “Don Juan estos cerillos son para encender el boiler de la casa”.

Su mayor legado durante 18 años al frente de los equipos representativos del Ateneo fue sin duda alguna formar jóvenes, inculcarles la disciplina, el orden, la ética deportiva, enseñándoles que el esfuerzo y la dedicación dan frutos dulces y buenos.

Tanto era el respeto que se le tenía al entrenador, que se referían a su coach como “don Juan Lobato”.

Don Juan Lobato partió de Saltillo en el año de 1970. Ese día, antes de subir al camión que lo dejaría en Monterrey y de ahí partir rumbo a su natal Colima citó a un jugador suyo, cuyos lazos ya no sólo eran deportivos sino de gran amistad; ya estando en la entonces central de autobuses ubicada en sobre la calle de Padre Flores donde topa la de Abbott, le dijo: “Mira, sólo me llevó un balón y un jersey del Ateneo, es todo lo que me llevó”.

Don Juan Lobato concluyó sus estudios como maestro de matemáticas allá en Colima, tierra a la cual también llevó el futbol americano, formando jóvenes en equipos como “Los Mineros” y en el equipo representativo de la Universidad de aquel estado, “Los Loros”.

Desde el año de 1989 el campo de futbol americano del Ateneo Fuente es engalanado con su nombre. Allá en su tierra natal la liga de futbol americano lleva su nombre. Don Juan fue llamado a entrenar un equipo de ángeles y arcángeles en el paraíso el 29 de noviembre de 1998, dejando aquí en Saltillo una historia que vale la pena presumir.