lunes, octubre 12, 2026
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PUNTO DE CIENCIA

 

Julio Cu Farfán López

Mi cuerpo y mi calidad de vida y yo

Muchas personas ven su cuerpo con prejuicios que no son del todo suyos y que las llevan a tener una mala percepción de su imagen corporal. Esos prejuicios tienen su base en la cultura, los valores y las normas sociales que inconscientemente se normalizan en la comunidad y en cada uno de nosotros. Prejuiciamos los cuerpos por volumen, figura, color, apariencia y falta de armonía. Denostamos cuerpos “gordos”, “flácidos”, “enjutos”, “prietos”, “arrugados”, “chuecos” porque se apartan del ideal estético que nos han impuesto.

Aspiramos a cumplir con estándares de los cuerpos que aparecen en redes sociales, publicidad o contenidos asociados con la belleza y que muchas veces no corresponden con nuestra herencia genética y constitución física. No alcanzar tales patrones, modelos y perfiles dictados por la mercadotecnia de la “belleza” termina haciéndonos sentir incómodos con nuestra apariencia y con lo que proyectamos por no cumplir con “lo que es y debe ser bello”.

Muchas veces no nos sentimos a gusto con nuestro cuerpo. Somos jueces muy severos ante nuestra imagen en el espejo. Y esta mala percepción, sin que nos demos cuenta, va afectando nuestra salud emocional, mental y, por supuesto, física. La falta de seguridad y autoestima, junto con una percepción negativa de nuestra imagen, termina afectando nuestra calidad de vida como un todo integrado de lo que somos.

La insatisfacción con nuestra imagen corporal también afecta nuestros comportamientos sociales, expectativas amorosas y relaciones en general, tanto en entornos reales como virtuales. Nuestro cuerpo también comunica. Si no estamos seguros con él, nuestros gestos, postura y forma de movernos expresan nuestro estado de ánimo.

Aquí aparece un concepto más amplio: la calidad de vida. Sentirnos bien no depende únicamente de nuestra apariencia, sino de la forma en que valoramos nuestra salud física, mental y emocional, nuestras relaciones y el entorno en el que vivimos. No siempre podemos controlar todos esos factores, pero sí podemos revisar la relación que mantenemos con nosotros mismos.

Nuestro cuerpo es el lugar donde habitamos, no donde habitan los demás. Cuidar de él implica atenderlo, alimentarlo, moverlo y dejarlo descansar sin convertirlo en un proyecto para agradar a los demás. Connie Sobczak, autora de Embody y cofundadora de The Body Positive, dice: «Tu cuerpo te habla en sensaciones; sentimientos de tensión, miedo, hambre, placer, vitalidad y dolor son solo algunas de las formas en las que intenta comunicarse contigo».

No miremos el cuerpo ideal fuera del nuestro, mirémoslo desde y hacia dentro. Las redes sociales muchas veces muestran una realidad parcial o distorsionada. Hagamos de nuestro cuerpo nuestra verdadera casa y busquemos nuestra felicidad en nosotros. Vivamos felices en el hogar que habitamos, nuestro cuerpo merece ese reconocimiento.