
Se vende AHMSA, no el futuro de Monclova
En las últimas semanas hemos escuchado más promesas sobre Altos Hornos de México que ruido saliendo de sus hornos. Se habla de millones de dólares, de nuevos dueños y de volver a activar Monclova.
¡Ojalá!
Pero antes de sacar las matracas y ponernos a festejar , hay que entender qué se está vendiendo y, sobre todo, a dónde iría ese dinero.
AHMSA no está en una venta cualquiera. Fue declarada en quiebra en noviembre de 2024 y hoy sus activos, junto con los de Minera del Norte, buscan venderse como una sola unidad dentro de un concurso mercantil.
En español : la empresa tiene deudas que no ha podido pagar y la venta está bajo control judicial. No es suficiente anunciar cuánto se pagaría. Hay que demostrar que el dinero existe y seguir las reglas del proceso.
El precio mínimo de la subasta anda en los 1,127 millones de dólares. La oferta que ha hecho ruido es de 1,400 millones.
¡Una locura!
Pero ojo: una cosa es ofrecerlos y otra depositarlos. Al momento de escribir este artículo , sigue pendiente acreditar una garantía de seriedad de 56.3 millones de dólares, con plazo judicial al 13 de octubre.
Ahora viene la pregunta más importante que el nombre del posible comprador:
¿A quién le tocaría ese dinero?
Porque esos 1,400 millones de dólares, suponiendo que todo se concrete, no se depositan en una cuenta para prender los hornos al día siguiente.
Los recursos obtenidos por la venta deben aplicarse al concurso mercantil. Es decir, atender las obligaciones pendientes conforme al orden de pago que establece la ley: derechos laborales preferentes, gastos del procedimiento, acreedores con garantías y otras deudas, cada una con el tratamiento que legalmente le corresponda.
Y aquí vienen los números que deberían interesarnos.
El procedimiento reconoce a 13,907 extrabajadores de AHMSA y Minosa, con créditos laborales preferentes y no preferentes por aproximadamente 19,249 millones de pesos.
Un presupuesto preliminar de reparto, calculado sobre el precio mínimo de la subasta, toma en cuenta alrededor de 210 millones de dólares para créditos laborales preferentes y cerca de 760 millones para acreedores garantizados.
Son cálculos sujetos a lo que efectivamente se cobre y determine el procedimiento, no pagos realizados.
Osea y si alguien terminara pagando los 1,400 millones , eso no significaría que todo el dinero acabaría en manos de los trabajadores o que la diferencia sobre el precio mínimo quedaría disponible para reactivar la planta.
Y eso es importantísimo entenderlo.
Porque detrás de esas cantidades está el obrero que lleva años esperando su liquidación, el transportista al que le quedaron debiendo, el taller que perdió a su principal cliente y la familia que tuvo que ajustar su vida de un día para otro.
La crisis de Altos Hornos no se quedó en la planta. Se metió en los hogares de Monclova, Frontera, Castaños y buena parte de nuestra Región Centro.
Por eso creo que estamos confundiendo dos cuentas completamente distintas: lo que cuesta comprar AHMSA y lo que costará volver a producir acero.
Pagar una subasta no arregla una máquina, no resuelve por arte de magia el suministro de energía, ni garantiza materias primas, clientes o nuevos empleos.
Para eso falta otro dinero. Inversión adicional, capital de trabajo, un proyecto industrial competitivo y, sobre todo, gente capaz de ejecutarlo.
¿Puede salir algo bueno de todo esto?
¡Claro que sí!
Una venta efectiva puede traducirse en pagos a los afectados, mayor certidumbre y, si es una inversión seria, una oportunidad de reactivación económica.
Pero una oferta sin respaldo también puede generar justo lo contrario: más retrasos, más desgaste y otro golpe a la confianza de una región que ya ha esperado muchísimo.
A mí me encantaría que la compra dejara de girar alrededor de quién aparece en los videos ( poco
Creíbles en mi opinión) y empezara a girar alrededor de lo importante: dinero acreditado, cuentas transparentes, respeto a los trabajadores, inversión productiva y oportunidades para los proveedores locales.
Y hay algo más que me gustaría poner sobre la mesa.
Aunque mañana AHMSA volviera a producir acero, la Región Centro no debería volver a depender de una sola empresa como dependió durante décadas.
Monclova tiene técnicos, ingenieros, soldadores, transportistas, talleres, experiencia industrial y, sobre todo, gente que sabe trabajar.
Ese talento no desapareció cuando se apagaron los hornos.
Tenemos que aprovechar esta crisis para atraer otras industrias, desarrollar proveedores, fortalecer emprendedores locales y conseguir que las siguientes generaciones tengan más opciones de empleo.
Porque la recuperación de Monclova no debería medirse únicamente en toneladas de acero. También debería medirse en nuevas empresas, salarios, inversiones, pequeños negocios que vuelven a abrir y familias que recuperan su tranquilidad.
No se trata de renunciar a Altos Hornos. Al contrario, deseo profundamente que vuelva a ser una fuente de trabajo y orgullo para Coahuila.
Se trata de querer tanto a Monclova que no apostemos todo su futuro a un solo horno.
Que se pague lo que se debe. Que se invierta lo que hace falta. Y que, cuando por fin vuelva a escucharse el acero, no sea la única señal de vida económica de nuestra región.




