viernes, agosto 21, 2026
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ADECUANDO LA REALIDAD

Con una mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanza de volver

Proverbio judío 

El ser humano no puede conocer la realidad desde su subjetividad y no puede, tampoco, prescindir de esta última. Para nuestra sobrevivencia ha sido más importante la narrativa que lo factual; el mito y la leyenda que lo verdaderamente acaecido.

La psicología le llama razonamiento motivado al fenómeno de hacer encajar los hechos en la perspectiva individual. Cuando una persona se encuentra ante un suceso o un dato que contradice una convicción importante, tiende en primera instancia a rechazarlo y, posteriormente, a razonar de manera defensiva, buscando no modificar e incluso ratificar su juicio.

La defensa contra el suceso o dato contradictorio y el consecuente proceso de adecuación de la realidad comienzan cuando la psique advierte peligro para la identidad, que no es otra cosa que una serie de creencias sobre nosotros mismos.  La idea de quiénes somos depende de nuestro contexto y circunstancias.

Ziva Kunda, psicóloga especializada en cognición social, mostró que el razonamiento motivado no permite creer cualquier cosa: necesitamos razones plausibles. La mente busca una interpretación compatible con la conclusión preferida.

Aquí entra en juego otro mecanismo: la asimilación sesgada, término que describe la evaluación desigual de la evidencia. Diversos estudios, entre ellos los de Lord, Ross y Lepper, observaron que las personas con posiciones firmes examinan severamente los datos contrarios y aceptan con menor exigencia los favorables. Así, un mismo conjunto de información puede reforzar convicciones opuestas.

El tercer mecanismo de adecuación de la realidad es el autoengaño, que aparece cuando esas justificaciones dejan de sentirse como defensas y se convierten en la explicación que la persona considera sincera. Quien se identifica con su relato termina por perder la capacidad de distinguir entre verdad y mentira. Aquí es donde nace lo que conocemos como incongruencia: la contradicción entre lo que pensamos, decimos y hacemos.

A diferencia de la negación, que elimina un dato, pero a la larga no puede sostenerse, el autoengaño es la alternativa capaz de reorganizar los hechos; la mente puede volver constantemente a la narración anterior aun sabiendo que contenía una falsedad de origen, y reconfigurarla a modo cada vez que la falacia necesite volver a ser justificada. El objetivo es reconstruir frecuentemente el relato para que no pierda su aparente coherencia ni causalidad.

Hannah Arendt describe un fenómeno social y político que comienza con esa “adecuación racional” de la realidad y termina con la imposición de la mentira y su constante reconfiguración.

El paso a la escala social ocurre cuando el grupo suministra las justificaciones que antes debía producir cada individuo. La repetición ofrece categorías para desacreditar fuentes, reinterpretar contradicciones y convertir la lealtad en obligación moral. Quien aporta un hecho adverso deja de formular una proposición verificable y pasa a ser un adversario. La identidad colectiva reduce la incomodidad personal y premia la adhesión.

Arendt diferencia entre la mentira tradicional y la moderna. Mientras la primera oculta un secreto conocido por el mentiroso, la moderna fabrica y asume como verdadera una imagen coherente que pretende sustituir a la realidad. En su análisis de los Papeles del Pentágono, los responsables estadounidenses disponían de información confiable sobre Vietnam, pero en vez de corregir el modelo, degradaban los hechos a anomalías, interferencias o datos secundarios.

A ese alejamiento progresivo de la evidencia Arendt lo llama desfactualización. Su rasgo decisivo consiste en que el hecho pierde autoridad para corregir premisas y decisiones. La defensa puede desplazarse entre negar, desacreditar la fuente, minimizar la relevancia, alterar la causa, cambiar la comparación y moralizar el desacuerdo.

Tanto a nivel individual, como colectivo, la mentira organizada exige mantenimiento porque la realidad insiste en imponerse. Cada irrupción obliga a producir otra explicación defensiva. Por eso una narración puede volverse más enfática conforme aumenta la evidencia contraria.

Para reforzar el proceso de adecuación de la realidad, petrificamos nuestras creencias y sancionamos a los individuos que las cambian, considerándolos débiles y/o volubles.

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