viernes, agosto 7, 2026
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DESDE MI ESCRITORIO

En aumento consumos no reconocidos de tarjetas bancarias

Durante las últimas semanas, usuarios de distintas instituciones bancarias han advertido con preocupación la aparición de cargos que aseguran nunca haber realizado. Compras en establecimientos desconocidos, operaciones digitales efectuadas durante la madrugada, cobros en otras ciudades e incluso consumos internacionales aparecen repentinamente en los estados de cuenta.

La primera explicación suele ser inmediata: “me clonaron la tarjeta”. Sin embargo, el problema es más amplio y complejo. En algunos casos existe una copia ilegal de los datos del plástico; en otros, la información fue obtenida mediante páginas falsas, llamadas telefónicas, mensajes engañosos, filtraciones de datos o compras realizadas en plataformas poco seguras.

Lo cierto es que la percepción de inseguridad financiera está creciendo y no puede ser desestimada como una simple coincidencia o como una serie de casos aislados.

La Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros informó que, hasta marzo de 2026, había recibido 22 mil 199 reclamaciones, de las cuales el 37.4 por ciento se relacionaba con un posible fraude. Es decir, más de una tercera parte de las inconformidades presentadas tenía como fondo la sospecha de una operación irregular.

La propia Condusef reconoció que, entre enero y mayo de este año, los consumos no reconocidos continuaron figurando entre las principales causas de reclamación de los usuarios financieros.

Estas cifras confirman que existe un problema real que está golpeando el bolsillo, la tranquilidad y la confianza de miles de familias.

Aunque coloquialmente se habla de “clonación”, actualmente muchos fraudes ya no necesitan que el delincuente tenga físicamente la tarjeta. Basta con obtener el número, la fecha de vencimiento, el código de seguridad o las claves de acceso mediante un engaño telefónico, un correo falso, una página apócrifa o una aplicación maliciosa, además de que los delincuentes también han perfeccionado su discurso.

La Condusef ha sido clara: los bancos y las empresas financieras no solicitan números completos de tarjetas, claves, contraseñas o códigos de seguridad mediante llamadas o mensajes cuando el contacto no fue iniciado por el propio cliente.

La situación obliga también a revisar la responsabilidad de las instituciones bancarias. No es suficiente ofrecer tarjetas, créditos y aplicaciones cada vez más rápidas. Los bancos deben invertir con la misma intensidad en sistemas de detección, mecanismos de protección, atención inmediata y procesos de aclaración menos complicados.

Como sociedad también debemos modificar nuestra relación con la seguridad financiera. Entre las medidas más importantes está activar las notificaciones de cada movimiento, revisar frecuentemente los estados de cuenta, utilizar tarjetas digitales para compras en línea y bloquear temporalmente los plásticos cuando no se usen.

También es recomendable establecer límites de compra, evitar guardar los datos bancarios en páginas desconocidas y no conectarse a la banca móvil mediante redes públicas de internet.

Nunca se debe proporcionar el NIP, el código de seguridad, las contraseñas ni los códigos enviados por mensaje de texto. Tampoco hay que ingresar a la aplicación bancaria mediante enlaces recibidos por correo, WhatsApp o mensajes SMS. La forma más segura es abrir directamente la aplicación oficial o escribir personalmente la dirección electrónica de la institución.

Al pagar en restaurantes, gasolineras o establecimientos comerciales, la tarjeta no debe perderse de vista. En los cajeros automáticos es necesario revisar que la ranura no tenga dispositivos extraños, cubrir el teclado al introducir el NIP y rechazar la ayuda de desconocidos.

La Condusef recomienda que, ante un cargo no reconocido, el usuario se comunique inmediatamente con el banco, reporte la operación y solicite el bloqueo o cancelación de la tarjeta para impedir nuevos movimientos.

La digitalización de los pagos ha facilitado la vida cotidiana, pero también ha abierto una puerta para nuevas formas de delincuencia.

Los bancos deben fortalecer sus sistemas; las autoridades federales tienen que vigilar, sancionar e informar; y los usuarios debemos abandonar la confianza excesiva ante llamadas, promociones y mensajes que parecen auténticos.

Una tarjeta representa mucho más que un pedazo de plástico. Detrás de ella están el salario, el patrimonio, los compromisos familiares y, muchas veces, años de esfuerzo.

Buen fin de semana, la frase: Los días son largos, pero los años cortos. ¡Ánimo!