Fue además fundadora de la Cofradía del Santo Cristo, una institución laico-religiosa actualmente vigente
Bisnieta del militar y comerciante español don Santos Rojo -uno de los cofundadores de la Villa de Santiago del Saltillo- doña Josefa Báez Treviño es una mujer que dejó huella en un tiempo donde solamente los varones obtenían el reconocimiento público, gracias a su profundo sentido de responsabilidad, así como por su compromiso con el bienestar colectivo y -sobre todo- por la fe firme e inquebrantable en Dios que siempre manifestó y que le llevó a destinar gran parte de su herencia a la construcción de la Capilla del Santo Cristo.
De acuerdo con el reconocido historiador saltillense Carlos Recio Dávila, doña Josefa llegó a Saltillo tras contraer matrimonio con un comerciante de apellido Treviño, tras cuya muerte decidió donar gran parte de la fortuna que le dejó este último para que la capilla pudiera ser erigida y darle al Santo Cristo una casa digna, en la que pudiera ser venerado por todos los fieles de esta ciudad.
“Ella era una mujer muy rica de origen español, entonces, cuando muere su esposo de apellido Treviño, ella dona gran parte de esta herencia para que se construya la última capilla, que es la que tenemos actualmente, porque en realidad es la tercera capilla donde está el Santo Cristo”, señala.
Comenta que la primera, que era la que se denominaba “Capilla de las Ánimas”, fue hecha originalmente de adobe y posteriormente, en 1690, se levantó otra capilla de piedra, pero de techo plano de morillos donde permaneció la imagen hasta que se terminó la capilla actual, hacia 1762.
“Es decir, por cerca de 70 años estuvo la imagen en la capilla anterior, pero esta capilla nueva en buena medida se hace con dos fuentes de financiamiento, dos recursos distintos, por un lado, la herencia de Josefa Báez de Treviño, y otra más proveniente de algunos mineros, cuyos nombres se han perdido, de una mina que está cerca de Lampazos Nuevo León, que se llamaba La Iguana, era una mina de plata y los propietarios de esa mina donaron la plata que se extraía los sábados para la construcción de la capilla”.
“Entonces entre Josefa Báez de Treviño con sus riquezas heredadas y los mineros de La Iguana que donaron la plata se construyó la capilla del Santo Cristo, que de hecho se terminó antes que la Catedral, empezaron casi igual, 1745, pero los vecinos aportaban más dinero para esta capilla porque todo mundo quería que la imagen estuviera ya en el recinto donde hoy permanece, por eso es de un estilo diferente, más bajita a comparación de la Catedral”, agrega Recio Dávila.
Señala que también destaca, de acuerdo con la tradición, la iniciativa de doña Josefa de donar sus joyas para la elaboración de las campanas de la capilla.
“Cuando escuchamos las campanas de la capilla en relación a las de Catedral tienen un sonido más cristalino o más puro, digámoslo así, es decir las campanas de Catedral son las típicas campanas de bronce, pero las de la capilla tienen un sonido más particular, un poquito más bello podríamos decir, porque según la tradición cuando estaban fundiendo las campanas, los sirvientes de Josefa Báez de Treviño arrojaron joyas y barras de plata y oro, y esa amalgama de las campanas de la capilla del Santo Cristo contiene esos metales preciosos que doña Josefa Báez donó”.
Además, Carlos Recio señala que existen documentos en los que puede también constatarse la participación de doña Josefa con recursos para que el callejón de Santos Rojo, o de la Pulmonía como también se le conoce, fuera alineado y mejorado.
De igual manera, la destacada historiadora María Elena Santoscoy señala que el religioso Agustín de Morfi en su diario sobre las Provincias del Norte confirma que gracias a doña Josefa fue posible terminar la capilla del Santo Cristo.
“La imagen del Santo Cristo la puso Santos Rojo en su casa, en un rinconcito que le llamaban la ermita o Capilla de Ánimas y la fueron heredando a sus sucesores hasta que llegó a doña Josefa. Cuando ella heredó la imagen del Santo Cristo decidió compartirla con todos los fieles de aquí de Saltillo, ella era de Nuevo León, sus padres eran de Nuevo León, sin embargo ella contrajo matrimonio con un comerciante de aquí, un comerciante viudo y se vino a vivir aquí, dejando la parte de su herencia y sus joyas para el Santo Cristo”.
Destacó que en 1743 doña Josefa erige la Cofradía del Santo Cristo, una institución laico – religiosa formada por integrantes que se afiliaban mediante una cuota y que tenía una estructura muy bien definida.
“Ella duró 20 años encabezando esa cofradía, reuniendo limosnas todos los viernes, hizo un informe y cuando ella murió su hijastro don Pedro de Lizárraga y Cuéllar, hijo del anterior matrimonio de su esposo, quedó como Mayor de esa cofradía”
“Es una cofradía que todavía está vigente, ella vivía en la casa que está en Bravo bajando Castelar, y ahí estableció una capellanía que funcionaba como banco, y los réditos obtenidos por los préstamos que se efectuaban sirvieron para ayudar a sus descendientes que quisieran estudiar la carrera clerical y otra parte para necesidades de la capilla del Santo Cristo”, agregó. (ÁNGEL AGUILAR)





