lunes, junio 29, 2026
Inicio OPINIÓN UNA TAZA Y DOS DE CULTURA

UNA TAZA Y DOS DE CULTURA

Cuando charlas con una persona, cuando tomas un café con una cita, con un amigo o con un ser amado, casi nunca nos detenemos a pensar: ¿y si fuera nuestra última taza de café juntos? ¿Y si esta conversación fuera el último momento compartido?

Suena duro, amargo, como un café sin azúcar o sobrecargado porque se te pasaron las cucharadas. Pero también es una realidad que muchas veces preferimos evitar. Nunca sabemos cuándo llegará esa última charla con alguien importante para nosotros. No solo con quien amamos en un sentido romántico, sino también con quienes forman parte de nuestra historia, de nuestra rutina y de nuestra vida.

La literatura ha explorado esa incertidumbre desde distintos ángulos. En La biblioteca de la medianoche, Matt Haig juega con la eterna pregunta del “¿qué habría pasado si…?”, mostrando cómo solemos imaginar vidas distintas a partir de decisiones que nunca tomamos. Por otro lado, David Foenkinos, en La vida feliz, plantea una idea tan inquietante como fascinante: participar en una simulación de nuestro propio funeral para comprender, mientras aún estamos vivos, lo que realmente significa existir. Ambos libros nos enfrentan, cada uno a su manera, con la posibilidad de perder aquello que damos por sentado.

Pero pocas lecturas me hicieron sentir esa fragilidad con tanta cercanía como El día que mi madre murió, del monclovense Sebastián Sánchez.

A través de una crónica profundamente personal, Sebastián nos permite acompañarlo en uno de los momentos más dolorosos de su vida. Nos hace sentir el amor por su madre, por su familia, por la música y por los pequeños instantes cotidianos. Pero también nos comparte la angustia, la desesperación y ese vacío imposible de llenar cuando pierde al ser que más ama frente a él.

El escritor, originario de Monclova, Coahuila abre las puertas de su intimidad para presentarnos a su familia, a sus amigos y a una rutina que parecía tener un rumbo definido. Sin embargo, también nos recuerda que la vida no sigue nuestros planes. Basta un instante para que todo cambie. Un respiro puede modificar por completo el camino que creíamos tener trazado.

Hacia el final del libro ocurre uno de los momentos más conmovedores. Familiares y amigos escriben unas palabras dedicadas a Guadalupe Garza Segura, “Lupina”. Algunos agradecen lo vivido; otros aprovechan para decir aquello que nunca alcanzaron a expresar. Es un ejercicio profundamente humano que inevitablemente lleva al lector a pensar en las personas que aún tiene cerca.

Sebastián Sánchez no solo demuestra sensibilidad como escritor. También confirma que tiene mucho por ofrecer desde otras expresiones artísticas, como la música. Después de obras como Hablando con la noche y Lo que me dijo la luna, este nuevo libro consolida una voz honesta que vale la pena seguir.

Sin ánimo de caer en la paranoia, más allá del post perfecto, de la historia de Instagram o de la foto del café, quizá valga la pena preguntarnos si realmente estamos aprovechando el tiempo con quienes queremos.

 

Porque algún día, sin saberlo, llegará esa última taza de café. Y ojalá, cuando ocurra, hayamos estado verdaderamente presentes.