PLAZA CÍVICA

El fracaso del proyecto-Estado

Se acerca el final de sexenio. A estas alturas, queda claro que el periodo presidencial de López Obrador es lo que el intelectual estadounidense Charles S. Maier denomina “proyecto-Estado”. Algunos de estos proyectos han sido exitosos, otros no, por lo que vale la pena preguntarnos cuál fue el resultado del proyecto lopezobradorista visto a la luz del proyecto-Estado.

El proyecto-Estado “era una unidad política que aspiraba conscientemente a doblar el curso de la historia… sin importar el tamaño y el poder, aspiraba a cambiar las relaciones sociales y económicas de una manera profunda y no solo prolongar la continuidad administrativa”, nos dice el académico de la Universidad de Harvard. Estos proyectos tenían una “agenda transformadora”, podían ser coaliciones autoritarias, totalitarias, liberales o demócratas, las cuales “buscaban reformar instituciones o sociedades escleróticas que parecían inaceptablemente desiguales”. La legitimación del poder la obtenían mediante “ideologías: grandes narrativas históricas que sirven al mantenimiento del proyecto-Estado.” Este tipo de proyectos “siempre conservaría un componente militar y competitivo” y, cuando una revolución era lo que los llevaba al poder, “dependía del papel de un solo partido que podía explotar el colapso político.”

El proyecto-Estado lo podemos observar en la administración Roosevelt y el New Deal, o en la gaullista y la Quinta República francesa. También, en el comunismo soviético, el fascismo italiano y el nacional-socialismo alemán. Ciertamente, es el caso del régimen autoritario priista del siglo pasado, y rima mucho con la autodenominada Cuarta Transformación lopezobradorista. Rima porque el presidente aspira a lograr una sociedad más igualitaria y desdeña a tal punto las labores administrativas, que ha despedido a cuantiosos burócratas profesionales y debilitado/destruido instituciones públicas fundamentales. Rima también porque lo ha hecho a través de una amplia coalición social, aceptando a todo tipo de personalidades dentro del morenismo, mientras se alía con partidos políticos satélites como el PT, PES y PVEM. Rima porque ha impulsado su proyecto a través de una gran narrativa, declarándose herederos históricos de los grandes capítulos patrios, los verdaderos demócratas portavoces del pueblo, los únicos que combaten los siniestros intereses de las élites nacionales. Y, desde luego, rima porque la 4T tiene un fuerte componente militar, es ampliamente competitiva electoralmente, y se ha elevado como un partido dominante ante el colapso de los partidos políticos tradicionales.

Como comenta Maier, el proyecto-Estado aspira a elevar la recaudación pública para llevar a cabo grandes proyectos en beneficio público. También, a movilizar a la ciudadanía a favor de las causas públicas. Sin embargo, el proyecto-Estado lopezobradorista no elevó la incipiente recaudación del Estado mexicano, y malgastó los pocos recursos fiscales en proyectos públicos inservibles. Peor aún, en rubros esenciales como la seguridad, la salud y la educación, hubo significativos atrasos. Podríamos seguir.

“Las energías radicales del proyecto-Estado surgieron y luego disminuyeron, logrando a veces cambios institucionales significativos, pero también dejando estancamiento, decepción y melancolía”, nos dice Maier. Es el caso del proyecto-Estado lopezobradorista. Lo que viene después: la cruda colectiva.

fnge1@hotmail.com       

@FernandoNGE

Autor

Fernando Nùñez de la Garza Evia
Fernando Nùñez de la Garza Evia
Licenciado en derecho por la Universidad Iberoamericana (UIA). Maestro en estudios internacionales, y en administración pública y política pública, por el Tecnológico de Monterrey (ITESM). Ha publicado diversos artículos en Reforma y La Crónica de Hoy, y actualmente escribe una columna semanal en los principales diarios de distintos estados del país. Su trayectoria profesional se ha centrado en campañas políticas. Amante de la historia y fiel creyente en el debate público.
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