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Educacción

En lo que va de esta pandemia, hemos sido testigos de cómo la atención se ha centrado en temas de salud, económicos, diplomáticos, entre otros, y por un instante pareciera que nos olvidamos de uno sumamente importante, que es la educación.

Hace alrededor de dos meses y medio, en esta misma columna se tocó el tema respecto del futuro de la educación superior en estos tiempos de pandemia, planteada desde la perspectiva de una figura poco conocida como lo es – o fue –  un futurista. Como le comento, en esa ocasión el eje central se enfocó solamente hacia el nivel superior de educación y de posibles escenarios que pudieran derivarse. Solo como dato, cabe señalar que algunos ya se están viviendo.

Anteriormente, también, comenté sobre la entonces presente situación que vivián el resto de los niveles de educación en el país, es decir, básico y medio superior, o, para mejor entendimiento, la educación que va desde el preescolar hasta el bachillerato. Bajo un encuadre distinto, se habló de posibles repercusiones político-sociales y se dejó de lado el futuro de la práctica de la enseñanza como tal.

Ahora bien, esta semana se dio a conocer de manera oficial por parte de la Secretaría de Educación Pública, el anuncio que el inicio del nuevo ciclo escolar 2020-2021 tendrá por fecha el 24 de agosto de este año y que el nuevo ciclo deberá llevarse a cabo de manera temporal a distancia, ya sea a través de plataformas y medios electrónicos para el caso de la educación brindada por particulares; así como que, ahora, por convenio, el ámbito público, contará con el apoyo de medios de difusión masiva es decir, tele abierta y radio.

Está claro que lo anterior debe catalogarse como una acción correcta ante la situación actual, pues se observa que el preservar la salud de las y los educandos es prioridad del Estado y el hecho de establecerla como medida temporal habla también que el regresar al método de educación presencial, al igual que muchos países, es prioridad nacional.

No obstante, la dura realidad nos refleja un escenario que viene arrastrando problemas desde hace tiempo en el nivel de la educación impartida, o al menos así lo demuestran los rankings internacionales en la materia, en los cuales México ocupa lugares de la media para abajo. Lo cual, es originado por deficiencias dentro de los dos sectores que ofrecen educación en el país.

Por un lado, el sistema de negocio pretencioso lucrativo bajo el cual opera una gran cantidad de instituciones privadas, generan que lo primordial, que es la enseñanza, pase a un segundo o tercer plano y que sean otro tipo de servicios y facilidades las que ameriten la inscripción de un estudiante.

En cuanto al sistema público, la politización del magisterio sigue inminente; así como las diferentes brechas que antes imposibilitaban el acceso a educación por parte de un gran sector de la población, pero ahora lo que generan es que un porcentaje considerable de estudiantes se vean limitados a concluir con sus estudios. Es decir, si bien, el acceso a la educación en México es mayor que nunca, terminan por ser factores externos los que detienen el desarrollo educativo individual en el país.

Ahora, no creo necesario volver a comentar los estragos en materia económica que esta pandemia ha generado. Lo que si es necesario comentar es la relación que estos tienen con el futuro de los niveles de educación que comenté al inicio y asimilar la lógica que eso conllevaría respecto de sus efectos a mediano plazo en el ámbito social.

El estudio Desarrollo Humano y COVID-19 en México: Desafíos para una recuperación sostenible, realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, prevé que exista en nuestro país, una deserción escolar de casi un millón de estudiantes dentro de los niveles mencionados. ¿La razón? el incremento en las brechas de pobreza. Desgraciadamente, la situación financiera de muchas familias mexicanas ha cambiado durante esta pandemia, lo que orilla a que aquellos estudiantes de bajos recursos se vean en la necesidad de dedicar el tiempo a trabajar, en lugar de estudiar, para amortizar la situación.

Además, la SEP ha pronosticado una alza en la migración escolar, donde estudiantes que antes realizaban sus estudios en instituciones privadas, debido a la alteración económica familiar o por el cierre de las mismas escuelas, tengan que optar por sumarse al sistema educativo público.

En fin, otro reto más a la lista de los que esta extraordinaria pandemia ha generado.

Sin duda, uno de los retos más importantes por tratarse del futuro humano del país; no obstante, un reto al que se enfrenta con más herramientas que a cualquier otro, y es que, ¿infraestructura? hay; ¿accesibilidad? hay; ¿materiales? hay; ¿presupuesto? ni se diga; ¿convenios? firmados; lo que resta es demostrar la verdadera intención de trascender por parte de las ciudadanas y ciudadanos, alumnas y alumnos, maestros y maestras y de las autoridades; siendo estas últimas a las que les corresponde más.

Reciban un saludo. Muchas gracias.

Nos leemos dentro de dos semanas. Primero Dios

 

@Dan_Fdz

Autor

El Heraldo de Saltillo
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