jueves, octubre 22, 2026
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CON-CIENCIA Y SIN CORBATA

Mucho algoritmo, pero ¿Alguien piensa?

Coahuila se ha puesto en modo anfitrión, y Saltillo ha sabido abrir la puerta con todo. Tenemos buenas noticias para recibir a quienes nos visitan: la ENVIPE 2026 del INEGI pone a Coahuila al frente en percepción de seguridad; Saltillo conserva el lugar de capital más segura en percepción ciudadana, según la ENSU.

El IMCO también nos da para presumir: Coahuila ocupa el cuarto lugar en competitividad estatal y Saltillo el cuarto entre las ciudades de más de un millón de habitantes en sus índices de 2026. Además, reconoció la fortaleza exportadora que nuestro estado ha mantenido por dos décadas.

Apenas la semana pasada fuimos anfitriones del Rodeo Saltillo, del 15 al 18 de octubre, y de la 90.ª Convención Nacional Ganadera, de la Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas. Ahora recibimos la Convención Nacional de CANACINTRA. Del campo a la industria, nuestra región está reuniendo a quienes mueven a este país.

Ahí escuchamos una conferencia buenísima de otro orgullo local: el saltillense Jesús Humberto Aguilar Esparza, profesor de Filosofía y Ciencias Cognitivas en el Rochester Institute of Technology. Su ponencia, “Industria Inteligente: El Poder de la IA en la Competitividad”, nos puso a pensar cómo incorporar esta tecnología a las empresas. Porque entre tanta prisa por subirse al futuro, conviene revisar quién lleva el volante.

Aguilar planteó cuatro preguntas: dónde usar IA, cuáles son los riesgos, cómo potenciar a nuestra gente y dónde está nuestra ventaja. Me quedo con una primera idea: antes de comprar tecnología, hay que entender cómo funciona la empresa. Dónde se atasca un pedido, dónde se repiten errores, qué conocimiento depende de una sola persona y qué oportunidades dejamos pasar por falta de capacidad.

Después viene la herramienta. Si una autorización tarda tres días porque nadie decide, habrá que entender ese atasco antes de ponerle inteligencia artificial.

La propuesta es probar con resultados medibles: cuánto tiempo ahorramos, qué mejora y cuándo conviene detener el intento. Hasta la innovación necesita aprender a rendir cuentas.

Otro punto me pareció especialmente fregón: la IA puede ser buenísima en una tarea y fallar en otra que a nosotros nos parece super fácil. Aguilar lo explicó mediante la “frontera dentada” de sus capacidades. Acertar una vez tampoco garantiza acertar en el siguiente caso.

Y el asunto se complica porque puede equivocarse con una locura envidiable. Además, tiende a darnos la razón. Una combinación peligrosa para quien ya venía buscando que alguien le aplaudiera su ocurrencia.

Por muy bien escrita que venga una respuesta, toca revisarla. En una empresa importa saber quién verifica, quién responde y quién puede detener el sistema cuando algo sale mal.

Pero la reflexión más importante, para mí, estuvo en las personas. Capacitar implica aprender qué delegar, cómo aportar contexto, cómo evaluar lo que produce la IA y cuándo intervenir. Aguilar planteó una redistribución del trabajo: tareas automatizadas, otras realizadas entre personas y herramientas, y funciones nuevas.

Eso invita a preparar a nuestra gente y aprovechar su experiencia. Quien conoce la operación diaria puede ayudar a identificar qué conviene automatizar y cómo evaluar si funciona.

Esta conversación le viene como anillo al dedo a nuestra región industrial. Tenemos empresas, talento y motivos para sentir orgullo. Ahora toca incorporar tecnología con criterio. Coahuila está recibiendo a la industria nacional con la casa abierta. Ojalá también aprovechemos la visita para hacernos mejores preguntas. Porque la inteligencia artificial podrá ayudarnos a responder muchas cosas, pero decidir qué futuro queremos sigue siendo tarea nuestra.