
El rodeo y la siguiente pista de Manolo
Llegó el gran circo del rodeo a Saltillo y la carpa quedó chica para las aspiraciones. Hubo botas, sombreros, música y montas, pero también una demostración de convocatoria y una apuesta económica con lectura política. Porque mientras unos miraban al jinete, otros observaban al hombre que está ampliando la pista: Manolo Jiménez Salinas.
El balance oficial del Rodeo Saltillo 2026 reportó más de 125 mil asistentes, una derrama superior a los 100 millones de pesos y una ocupación hotelera del 95 por ciento. Son cifras del Gobierno estatal y así deben presentarse. El resultado anunciado permite hablar de una convocatoria exitosa y de movimiento para el sector turístico.
¿Quiénes estuvieron en la función?
La inauguración reunió al gobernador, al alcalde Javier Díaz y a la secretaria de Turismo federal, Josefina Rodríguez Zamora. Su presencia dio al estreno una dimensión nacional. En la cartelera figuraron Julión Álvarez, Pesado, Banda El Recodo y Brett Young, entre otros. La combinación buscó públicos distintos bajo una misma carpa: tradición norteña, espectáculo y promoción turística. Pero esta historia tiene raíces anteriores al templete y al corte de listón.
Antes de que el apellido Jiménez apareciera en las marquesinas gubernamentales, Manuel Jiménez Flores, padre del mandatario, ya impulsaba el rodeo. En la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro fundó el equipo de esta disciplina, acompañado por otros entusiastas. Después organizó los primeros diez campeonatos nacionales. Hay trayectoria detrás del sombrero.
Conviene precisar: el rodeo ya tenía antecedentes en Saltillo. En 1976, Lee Paul Miers trajo una exhibición internacional de estilo americano. Don Manuel fue uno de sus grandes impulsores y organizadores; reconocerlo no exige borrar a quienes también abrieron brecha.
Era aquel Saltillo de mezclilla, camisa vaquera, botas, sombrero y cinto piteado que muchos recordamos. Una identidad que se llevaba puesta y que encontró en el rodeo una expresión propia.
En esa memoria aparece Jorge de Jesús, “El Glison”, a quien recuerdo como payaso de rodeo en la Narro y amigo de don Manuel. Su paso como payaso y jinete, antes de consolidar su trayectoria taurina, está documentado. Vaya personaje: conoció la arena desde distintos riesgos y terminó convertido en torero.
¿Y cuál es la siguiente pista?
El estreno de Expo Coahuila, con una inversión reportada superior a 270 millones de pesos, permite entender que el rodeo es apenas la primera función. La siguiente etapa anunciada incluye el Forum Coahuila, pensado para congresos, conciertos y grandes encuentros.
Ahí veo el proyecto llamado “Manolo”: convertir arraigo, infraestructura y capacidad de convocatoria en resultados que también construyan una marca política. El padre ayudó a organizar la afición; el hijo tiene ahora la oportunidad de darle otra escala. La prueba será mantener actividad cuando se apaguen los reflectores y extender los beneficios al comercio local.
Además, el Congreso estatal aprobó declarar al rodeo Patrimonio Cultural Intangible de Coahuila. Ese reconocimiento compromete a preservar una tradición que forma parte de nuestra identidad.
En términos políticos y culturales, esto exige continuidad: conservar la afición, formar nuevas generaciones y mantener vivo el escenario. La declaratoria perdería sentido si todo terminara al desmontarse el último espectáculo.
Llenar la primera función merece aplausos. Mantener la temporada exige oficio. Manolo abrió los cajones y amplió la pista. Ahora tiene una responsabilidad mayor: que el rodeo perdure más allá de su gobierno. Porque los gobernantes pasan, pero el patrimonio se queda.
Y en este circo, Manolo ya abrió la puerta de los cajones. Ahora tendrá que demostrar cuánto tiempo puede sostenerse sobre el toro.
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