martes, octubre 20, 2026
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CON-CIENCIA Y SIN CORBATA  

La nómina no batea

Hay empresas que creen que sus problemas se resuelven contratando gente más cara. Y luego están los Dodgers, que prácticamente contrataron a medio Juego de Estrellas para descubrir que los millones no salen a batear.

Esta semana el béisbol nos regaló uno de esos casos que deberían estudiarse en las escuelas de negocios. Los Dodgers de Los Ángeles, bicampeones de las Grandes Ligas y favoritos para conquistar un tercer título seguido, fueron eliminados por los Brewers de Milwaukee. Y no fue cualquier eliminación. Les metieron cuatro juegos seguidos. Una barrida, como decimos los aficionados.

Hasta aquí podría parecer una sorpresa deportiva. Pero cuando revisamos las nóminas de los dos equipos, todo se pone bastante interesante. Los Dodgers manejaron una nómina de aproximadamente 339 millones de dólares durante 2026. Milwaukee, de apenas 146 millones. Son 193 millones de dólares de diferencia. Con esa cantidad prácticamente podrían pagar toda la nómina de Milwaukee y todavía les sobrarían 47 millones para los refrescos.

En otras palabras, los Dodgers gastaron 2.3 veces más en salarios que el equipo que los mandó de vacaciones. Y ojo, que Milwaukee tampoco llegó de casualidad. Terminó la temporada regular con 103 victorias, tres más que Los Ángeles.

Hay algo que me encanta para discutir en la empresa: ¿estamos pagando por talento o estamos pagando por resultados?

Los Dodgers tienen nombres brutales: Shohei Ohtani, Mookie Betts, Freddie Freeman, Blake Snell, etc. Una plantilla que cualquier gerente general quisiera presumir.

Milwaukee, por su lado, hizo su tarea diferente. Identifico talento, desarrolló jugadores, aprovechó la tecnología, hizo buenos intercambios y construyó un equipo donde las piezas embonan perfecto.

El ejemplo perfecto es Jake Bauers, quien gana 2.7 millones de dólares esta temporada y terminó siendo elegido el jugador más valioso de la serie.

Imagínense la reunión de presupuesto donde un empleado que gana una fracción de lo que cobran las estrellas de la competencia termina siendo quien mejor hace el trabajo.

Y tampoco es que Milwaukee viva de buenas intenciones. Tiene una estructura deportiva seria, un sistema de desarrollo y un entrenador, Pat Murphy, que entiende que la disciplina y la confianza no se compran online. Aquí es donde el béisbol se parece demasiado a las empresas.

He visto organizaciones convencidas de que contratar al directivo más caro resolverá sus problemas. Otras creen que basta con aumentar el presupuesto comercial para vender más. Y algunas piensan que un nuevo software hará milagros, aunque nadie sepa utilizar el anterior.

Claro que el dinero ayuda. Sería muy inocente negarlo. Los Dodgers ganaron dos campeonatos consecutivos y su capacidad financiera es una ventaja enorme. Una mala serie no borra eso. Pero una cosa es contar con recursos y otra muy distinta saber convertirlos en resultados.

En administración hablamos mucho de productividad, eficiencia y retorno sobre la inversión. Conceptos que suenan preciosos en PowerPoint, hasta que alguien pregunta cuánto estamos consiguiendo por cada peso gastado.

Milwaukee tampoco es un equipo de aficionados jugando por amor al arte. Estamos hablando de una nómina de 146 millones de dólares. Pobrecitos, tampoco son. La diferencia está en qué hacen con lo que tienen.

Por cierto, hay un último detalle muy bueno: el año pasado los Dodgers barrieron a Milwaukee en esta misma instancia. Doce meses después, los Brewers les devolvieron el favor y consiguieron su boleto a la Serie Mundial por primera vez desde 1982.

Me quedo pensando cuántos negocios intentan resolver sus problemas abriendo la cartera, cuando deberían comenzar por revisar su manera de trabajar. Porque en las hojas de Excel los Dodgers ganaron por 193 millones de dólares. Pero en el diamante, Milwaukee ganó cuatro a cero. Qué bueno que el béisbol todavía se juega con pelotas y no con carteras.