
DRA. YÉSSICA ESQUIVEL ALONSO
Los pueblos que Coahuila no veía
Con motivo de la Conmemoración del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, el pasado 9 de agosto, vale la pena preguntarnos qué hemos hecho en Coahuila para reconocer y escuchar a las comunidades que forman parte de nuestra historia y diversidad cultural.
Durante mucho tiempo se pensó que en el Estado casi no existían pueblos indígenas. Esta percepción se explica, en parte, porque los registros oficiales no siempre muestran toda la diversidad presente en el territorio.
El Catálogo Nacional de Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicanas, a cargo del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), registra en Coahuila comunidades kikapú y negras mascogas, asentadas principalmente en el municipio de Múzquiz. Sin embargo, este dato no significa que en la entidad existan únicamente dos comunicades o identidades colectivas.
El pueblo kikapú -también llamada kikaapoa- mantiene su principal asentamiento en El Nacimiento. Por su parte, los negros mascogos constituyen una comunidad afromexicana con una historia, cultura e identidad propias. Aunque ambas comunidades comparten un territorio cercano, no deben confundirse: una es indígenas y la otra afromexicana.
Además, en ciudades como Saltillo y Torreón viven personas y familias pertenecientes a otros pueblos, entre ellos nahuas, mazahuas, zapotecos y mixtecos. Algunas llegaron por motivos laborales y han formado redes comunitarias. Por eso, hablar una lengua indígena, aparece en un catálogo o vivir en una localidad rural no son los únicos elementos que permiten reconocer una identidad.
Los datos del INEGI sobre hablantes de lenguas indígenas son valiosos, pero tampoco equivalen al número total de personas indígenas. Hay quienes han dejado de hablar su lengua y conservar su partencia, tradiciones, memoria colectiva y formas de organización. La Constitución mexicana establecer que la conciencia de identidad es un criterio fundamental para determinar a quiénes se aplican las disposiciones sobre pueblos indígenas.
Esta dificultad quedó en evidencia en 2021, cuando la Suprema Corte invalidó una reforma a la Constitución de Coahuila porque el Congreso legisló sobre derechos indígenas y afromexicanos sin realizar previamente una consulta adecuada. No bastaba con escuchar solamente a las comunidades kikapú y mascoga: era necesario identificar y consultar a todas las que pudieran resultar afectadas.
En respuesta, el Congreso realizó durante 2022 una consulta que permitió reconocer expresamente ocho pueblos, comunidades o identidades: negros mascogos, kikapúes, mazahuas, N´dee, seminoles, irritilas, huachichiles y coahuiltecas o pakahuas. La reforma constitucional publicada en diciembre de ese año y dejó claro que la lista no es definitiva.
En 2025 se efectuó otra consulta, ahora relacionada con la participación política de distintos grupos que enfrentan condiciones de desigualdad. Entre sus resultados se plantearon candidaturas para personas indígenas y afromexicanas, personas con discapacidad, integrantes de la diversidad sexual, jóvenes y personas adultas mayores. El avance es importante, pero la inclusión de varios grupos dentro de una misma regla no garantiza que las comunidades kikapú, mascoga u otras tenga una representación efectiva.
Una consulta tampoco se reduce a publicar una convocatoria o celebrar un foro. Debe realizarse antes de tomar una decisión, proporcionar información clara, respetar las autoridades y formas de organización de cada comunidad, contar con recursos suficientes y explicar qué propuestas fueron incorporadas.
Coahuila ha avanzado del desconocimiento al reconocimiento. El siguiente paso es convertir ese reconocimiento en participación efectiva. Una sociedad democrática no habla por sus comunidades: las escucha y construye las decisiones con ellas.
Dra. Yéssica Esquivel Alonso
Academia Interamericana de Derechos Humanos, Unidad Sureste.
esquively@uadec.edu.mx




