
Al creerse dueño de sus pensamientos, uno llega a serlo
Émile Coué
Existe un poderosísimo proceso mental que podríamos convertir en facultad y emplearla para cambiar nuestras vidas, pero que, como casi todo lo que ocurre en nuestra mente, dejamos al garete y termina al servicio del miedo y la inseguridad. Se llama sugestión. Dirigida conscientemente, se vuelve técnica de autodominio.
Fue Émile Coué, farmacéutico y psicoterapeuta quien, por allá de 1922, creó la teoría de la autosugestión consciente, según la cual su vehículo, la imaginación, influye en forma determinante en nuestros estados psicológico y físico, cosa que hoy es extensamente conocida y… ampliamente desaprovechada, porque sabemos el qué, pero no el cómo.
Pero antes de hablar de las maravillas de esta facultad y conocer alguna técnica, démonos un chapuzón en la otra cara de la moneda, la sugestión espontánea, carente de autonomía. Coué la describe como un proceso natural e inconsciente mediante el cual nuestra imaginación genera ideas y expectativas que, al ser aceptadas como verdaderas, influyen sobre nuestras emociones, sensaciones y conductas.
He aquí el impacto en nuestras vidas: esa cotidiana e inadvertida actividad de creernos las cosas en automático se convierten en sugestiones. Y mire usted los sinónimos de la palabra en el Diccionario de la Lengua Española: hechizo, hipnotismo, encantamiento, fascinación, deslumbramiento, embeleso, seducción. En fin, que se trata, a fin de cuentas, de alienación.
Solo hay dos opciones: o la fuente de la sugestión somos nosotros, desarrollando una facultad conscientemente y, con ello, nuestro poder de autodominio; o es una circunstancia externa, incluso una manipulación, a la que solemos reaccionar involuntariamente, en cuyo caso quedamos a merced de otros. Y abandonándonos casi todos a lo segundo, espontánea y despreocupadamente, es como hemos llegado a esta era de grandes avances y todavía más grandes degradaciones.
Ahora, antes de pasar al ámbito donde quiero ubicar la capacidad de sugestionarnos en clave “auto”, es decir, como una facultad y no como una reacción, es necesario señalar que los primeros estudios serios se hicieron en el campo de la hipnosis, y que en el imaginario colectivo están tan conectadas que al demeritar el hipnotismo como técnica científica válida, restringimos la sugestión a la manipulación maquiavélica de algún perverso individuo que quiere doblegar nuestra voluntad para su propio interés.
Así pues, saquemos la sugestión de esa canasta de creencias caducas y pongámosla ya a nuestro servicio. Vamos a ver técnicas en tres vertientes para que cualquier lector tenga acceso a una, porque cada quien sus ideas.
Uno: la todavía polémica hipnosis practicada en autohipnosis. Aquí funciona muy bien la autosugestión, porque eliminamos lo que en hipnotismo se llama mente crítica, esa que nos puede sabotear; la atravesamos como un cuchillo a la mantequilla para llegar al subconsciente, donde todo se vuelve creencia profunda y por tanto instrucción incuestionable. En este caso, usted puede encontrar técnicas hasta en tutoriales de Youtube.
Dos: la visión esotérica, con su máximo representante en la cuestión que tratamos, Paul Foster Case. Consiste en formar mentalmente una imagen clara del resultado deseado, acompañarla de una expectativa confiada e invocar una experiencia positiva, sobre todo en el estado previo al sueño, en el que, como en la autohipnosis, la mente crítica ha disminuido o cesado su actividad, y la subconciencia está abierta.
Tres: cualquier técnica de relajación autoinducida, y prácticamente todas son aceptadas por la ciencia, es una autosugestión. En ese estado comience un ejercicio de meditación autógena, técnica instrumentada por Wolfgang Luthe, psicoterapeuta alemán, que se basa en utilizar imágenes, sentimientos y situaciones personales como objetos de concentración para producir un resultado específico.
De cualquier manera, no deje los procesos de su mente a la espontaneidad, pero recuerde que el raciocinio tampoco debe intervenir. En este caso es un intruso indeseado, porque la mente crítica no es necesariamente inteligente; de hecho, las más de las veces es esclava del miedo y la inseguridad.




