
Digger
“Cuando todo lo demás falla, los golpeas con la verdad… Ya sabes, la dura verdad… Solo ¡bang, bang, bang! Digger Rockwell.
Usualmente en esta columna (desde hace poco más de 17 años), recomendamos un libro que vale la pena leer. Sin embargo, esta semana haremos una excepción. La invitación va para una producción cinematográfica que literalmente, hay que saber leer. Obviaré lo comercialmente dicho ya por la crítica, y sin pisar el callo del spoiler, intentaré tensar un poco el arco de mi lectura personal.
Digger, magnate petrolero, provoca un desastre ecológico potencialmente apocalíptico. La historia se cuenta a través de una sátira feroz de escatología política, cultural e intelectual. Alejandro González Iñárritu logra estimular una apuesta incómoda, pero muy interesante, ya que mientras en el formato convencional el público tiene una salida fácil ante villanos determinados, Digger nos arrincona como cómplices por inercia de la maquinaria que diariamente criticamos, y nos dirige hacia a una pregunta introspectiva: ¿Cuánto de mi comodidad cotidiana financia precisamente cada desastre que condeno?
El filme expone que: “Si no podemos controlar el curso de la naturaleza, al menos podemos controlar la narrativa”, y presenciamos entonces como se rompe la cuarta pared (que intuyo va más allá del recurso cinematográfico, en este caso, como una bien lograda meta narrativa asociada a la simulación generada por la hiperrealidad digital), o bien, experimentamos geniales planos cinematográficos de reacción elíptica, por ejemplo, en la escena de la mirada invertida sobre el desastre. Ambos, apenas dos elementos en decenas simbólicas de fotogramas y diálogos puestos a disposición del espectador, quien debe exigirse un profundo ejercicio de observación, interiorización y análisis. Para disfrutarla, hay que entenderla, no diré más.
Una genialidad del celuloide, pues Emmanuel Lubezki usó VistaVision de 35 mm, pero también de su voz narrativa, misma que nos obliga a cuestionar como bien señala el propio Digger: “Todo cambia, ¿sabes? Un día eres un gato. O un rey. Al día siguiente, solo eres cenizas en una caja”.
En tiempos de monopolio digital y tecnológico, leer un libro, es hacer revolución. Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.




