lunes, septiembre 28, 2026
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CÁPSULAS SARAPERAS

La batalla de guerreadero

En esta ocasión te platico una historia inverosímil que sucedió aquí en nuestra hermosa ciudad de Saltillo. Imagínese estimada y estimado Saltillense que se encontrara un aviso de ocasión, sí de esos que les comparto en la revista “Yo Soy de Saltillo” o en las Cápsulas Saraperas que se transmiten por la Reina 100.9 FM, en el cual no le venden un artículo, no le ofrecen medicina ni nada parecido, sino que lo invitan a que presencie una batalla real, sí una batalla de militares y todo esto aquí en Saltillo.

Pero ubiquémonos en el tiempo de un México recién nacido, con apenas 19 años de vida, una época de turbulencias políticas y militares, con planes separatistas; como el de la república del Río Grande, el cual fue un intento de formar un país independiente entre Coahuila, Nuevo León, Tamaulipas y una parte sureña de Tejas, si con “J”. De hecho, la capital de ese país fue Laredo, Tejas, donde actualmente existe un museo dedicado a este proyecto de país, pero volvamos a la historia, a la historia de la batalla de aguerreadero o guerreadero, que sucedió aquí en Saltillo.

La batalla entre quienes defendían seguir perteneciendo a México y quienes buscaban consolidar la república del Río Grande se desarrolló el 25 de octubre de 1840 entre lo que es Saltillo y Arteaga; el lado de los del Río Grande estaba comandado por el coronel Samuel Jordan y los centralistas, es decir quienes luchaban por la Primera República Mexicana, estaban comandados por Rafael Vásquez.

La batalla se pactó para el 25 de octubre del lejano años de 1840. Más allá de los datos finales de la batalla, en la cual por lo que pude investigar perdieron la vida 405 soldados de ambos lados, y más allá de las armas que se utilizaron por ambos lados como lo fueron los mososquetes «Brown Bess”, cañones, las bayonetas de cubo, las carabinas de chispa, así como las espadas y sables, lo más sobresaliente es tal vez que esta sea la única batalla en la historia de las guerras en México donde se invitaron a los saltillenses a presenciar dicho acto militar, bueno hasta invitaciones impresas hubo en las cuales se afirmó que no se trataba de un simulacro, sino de una batalla real.

Pero no fue todo, pues hubo comerciantes saltillenses que no perdieron la oprtunidad de hacer negocio ese día con los “turistas de la batalla”, pues antes y durante la batalla del aguerreadero se vendieron tamales, enchiladas, champurrado y más.

Los primero en llegar fueron los mexicanos, quienes fueron recibidos entre gritos, aplausos, vivas y vitores; los del Río Grande utilizaron como parapeto un roca, la cual fue destruida gracias a los cañonazos, por supuesto todo esto ante el asombro de los saltillenses que presenciaron este hecho, quienes nunca dejaron de lanzar vivas a nuestro ejército, el cual por cierto, después de que sonara en toque a la carga, los militares a bayoneta calada hicieron que los separatistas se retiraran.

Por cierto, un dato importante es que la batalla obtuvo su nombre como “guerreadero” o el aguerreadero, gracias a que fue bautizado así por los saltillense de aquellos años, quienes se referían al lugar donde fue la guerra, así como bebedero, donde se bebe agua; comedero, donde se come; tiradero, donde se tira y así guerreadero donde se hace la guerra.

Esta es una historia más que sucedió en Saltillo, un lugar tan único que es de los poquísimos lugares del mundo y de la historia donde se invitó a los habitantes de la ciudad a presenciar una batalla, y que todavía nos dimos el lujo de llamarla como se nos dio la gana; y todo eso es algo que vale la pena recordar.