lunes, septiembre 21, 2026
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SALTILLO PASO A PASO

Capitanes, frailes y pobladores

La villa de Santiago del Saltillo sobrevivió a sus primeras tres décadas, durísimas, y dejó de ser un albur para convertirse en una comunidad. Ese paso no lo dieron los fundadores sino los que llegaron años después: los que decidieron quedarse para hacer crecer la villa junto a los tlaxcaltecas llegados de Tizatlán, los nativos guachichiles y de otras naciones. En el Saltillo del siglo XVII arribó un grupo que estaba compuesto por tres tipos de personas que, juntas y con frecuentes fricciones entre sí, le dieron forma permanente a la villa: los capitanes de milicia, los frailes y los pobladores ordinarios que venían de otras partes.

Los capitanes eran las figuras de autoridad. En una villa aislada sin guarnición permanente, el capitán de milicia era quien organizaba la defensa, convocaba a los vecinos armados cuando había noticias de ataque y negociaba con las autoridades virreinales el envío de refuerzos. Francisco de Urdiñola fue el modelo de ese tipo de hombre: eficaz, ambicioso, políticamente hábil y capaz de ejercer una violencia que las autoridades pasaban por alto y preferían no investigar demasiado.

Después de él vinieron otros capitanes cuyo título se les otorgaba después de la persecución y matanza de los indios nativos. La lista de 1674 de hombres armados y caballos disponibles es uno de los documentos más elocuentes de ese siglo. Los capitanes acumularon tierras y cargos mientras servían al rey. El cargo público y la ambición nunca han estado del todo separados.

Los frailes franciscanos fueron la otra columna importante, la seria, la humana, e igualmente perseguían sus intereses. Llegaron poco antes que los tlaxcaltecas y fundaron el convento franciscano, el cual fue reducido a cenizas por los nativos de la región en 1582. Más tarde, la labor de los frailes en el pueblo de San Esteban fue vital: misas, catequesis, registro de sacramentos, mediación en conflictos, enseñanza del idioma español. Pero su influencia en la villa española era igualmente notoria. Los franciscanos llevaban los libros parroquiales del pueblo de San Esteban, que hoy son la fuente histórica más completa del siglo XVII saltillense; organizaban las cofradías que sostenían la caridad y la devoción colectiva; ejercían una autoridad moral que a veces chocaba frontalmente con la autoridad civil del cabildo. Hay documentos que nos hablan de pleitos entre párrocos y alcaldes por jurisdicciones, por el control de limosnas y por quién tenía la última palabra en los asuntos de la comunidad. La Iglesia no era solo espiritual: era también económica y política.

Los pobladores ordinarios, en su mayoría artesanos, arrieros, pequeños comerciantes y de muchos otros oficios, son de algún modo los más difíciles de encontrar en los archivos, porque sus actividades pocas veces se registraban, a menos que tuvieran un pleito, como la impugnación de un testamento en que los parientes se disputaban los bienes a repartir.

El censo de 1793 los hace visibles, aunque sea de manera breve: entre sus páginas aparecen hombres ordinarios como comerciantes que conocían de memoria a la gente el arriero que sabía de memoria el camino entre Saltillo y Zacatecas, el herrero que daba servicio a las milicias, el carpintero con su importante labor, el labrador que garantizaba el abasto de maíz. Sin ellos, los capitanes no tenían a quién mandar ni los frailes a quién guiar espiritualmente.

Lo que hace interesante al Saltillo del siglo XVII no es ninguno de estos grupos por separado, sino la tensión permanente entre los tres. Los capitanes querían tierras y agua; los frailes querían almas, limosnas y autonomía; los pobladores querían sobrevivir y prosperar sin que ninguno de los dos primeros les complicara demasiado la existencia. De esa tensión, nunca resuelta del todo, nació la estructura social que le daría forma a la villa durante los siglos siguientes.

Saltillo llegó al siglo XVIII siendo ya algo más que una villa en el último punto norte de la Nueva España. Es el conjunto de esos tres grupos lo que le da forma a la estructura que de alguna manera sigue prevaleciendo: Estado, Iglesia, pueblo.

 

Fuentes

 

Offutt, Leslie Scott. Una sociedad urbana y rural en el norte de México: Saltillo a fines de la época colonial. Saltillo: Archivo Municipal de Saltillo / Librería Portales, 1993.

 

Cuello, José. «The Persistence of Indian Slavery and Coerced Labor in the Regional Political Economy of Saltillo, 1577–1700». Journal of Latin American Studies, vol. 21, núm. 3, 1989.

 

Gerhard, Peter. La frontera norte de la Nueva España. México: UNAM, 1996.

 

Cavazos Garza, Israel. Saltillo en la historia y en la leyenda. Saltillo: Archivo Municipal de Saltillo, 1979.

 

Valdés, Carlos Manuel y Dávila del Bosque, Ildefonso. Saltillo: historia breve. México: El Colegio de México / FCE, 2011.