jueves, junio 18, 2026
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VIVIR ES AHORA

La nobleza de ser padre

Muy probablemente, la primera palabra que los pequeños bebés aprenden a pronunciar llenos de amor, es: “papá”. Y es que, dentro de esa palabra mágica, se encuentra uno de los sentidos más profundos de la existencia. El padre es quien, con su amor, entrega y sacrificios silenciosos, garantiza la protección, la provisión y la seguridad básica para desarrollarnos física y mentalmente.

Tener un padre presente marca la pauta para generar la estructura emocional que permite desarrollarnos dentro de límites sanos, a través de una estructura que provee seguridad. El padre modela la conducta ética con su ejemplo de responsabilidad, trabajo, honestidad y resiliencia.

Un padre sostiene con su presencia amorosa, protege con coraje y firmeza y enseña con su ejemplo. Honrarlo es reconocer la raíz que nutre el árbol de nuestras vidas.

La mirada del padre complementa la mirada materna. No sentirse vistos o apreciados por él produce un doloroso vacío que puede acompañarnos toda la vida. Y, muchas veces, en la búsqueda de su reconocimiento, nos embarcamos en un viaje incansable de éxitos donde, de manera inconsciente, buscamos su aprobación. Sin ella, los éxitos, el amor y la vida parecen efímeros e insustanciales.

Gracias a nuestro padre aprendimos a generar autonomía, a enfrentar con seguridad los desafíos, a explorar reconocer que, a pesar de nuestros fallos, podemos renacer tras cada caída. Y a realizar el acto más profundo e importante de nuestra existencia: dejar un legado y sostener las tradiciones que permiten fomentar la unión familiar, la salud y la pertenencia.

Las sociedades que valoran y sostienen la figura paterna muestran mejores indicadores de cohesión, educación y bienestar, porque su peso formativo atraviesa lo práctico, lo emocional y lo espiritual. Más allá de la biología, ser padre significa ofrecer contención, límites sanos, modelos de responsabilidad y la posibilidad de abrirnos hacia el mundo.

Su presencia consciente regula, inspira y crea condiciones para que los hijos exploren, fallen y se levanten. Cuando falta, deja una herida que, al sanarla, nos impulsa a crecer y elegir de manera diferente la manera de asumir la propia paternidad. Honrar también al padre ausente es reconocer su huella sin permitir que defina nuestro destino.

El padre suele ser el primer espejo de cómo actuar en la sociedad, marcar límites, negociar la autoridad y sostener el compromiso. Es el principal modelo de identidad y roles: muestra la figura protectora que los hijos internalizan, ya sea de manera positiva o negativa. Para las hijas, su presencia respetuosa les enseña el valor propio que definirá sus relaciones futuras. Para los hijos, enseña modelos de responsabilidad, vulnerabilidad y fortaleza integrada.

Un padre que confía y delega permite que el niño desarrolle tolerancia a la frustración. A través de su ejemplo aprendemos el valor del trabajo, de la lealtad, el sacrificio y la coherencia entre la palabra y la acción.

Si tu padre fue un padre presente, exprésale tu gratitud. Si fue ausente, reconoce tu herida, nombra aquello que te faltó y realiza un acto de reparación interior para liberar el dolor de su ausencia. Y si hoy tienes la fortuna de ser padre, cultiva la presencia intencional con tus hijos, con más escucha, más límites claros marcados desde el amor y más permiso para ser vulnerables. Tu ejemplo será el regalo más profundo que puedas dejarles.

Hoy te invito a reconocer y honrar a tu padre. Agradece que por él tienes vida y que, ya sea desde la presencia o de la ausencia, te dio un gran regalo: poder construir desde el amor y la integridad. Y construye la narrativa de la historia que deseas vivir y el legado que quieres dejar. En ese acto de reconocimiento reside una fuerza que no solo sostiene familias: despierta el sentido sagrado de pertenecer.

En este día quiero expresar mi más grande reconocimiento a los padres. En especial, a aquellos que, a pesar de tanta información confusa y tantas luchas de poder, ya sea que vivan con sus hijos o no, eligieron ser padres presentes. Que tienen la valentía de permanecer de pie a su lado como figura protectora, guiandolos, cuidándolos y acompañándolos en sus logros y sus caídas, dando sostén, apoyo y nutrición.

Papá: en mi corazón vive la historia que me sostuvo, y gracias a ella ahora soy valiente y me permito alcanzar el éxito.

Gracias por estar: por tu esfuerzo silencioso, por tu sostén en la sombra y por enseñarme con tus actos que el compromiso es la forma más noble del amor.

 

coachteylealg@gmail.com