
Ciudades que crecen, ciudades que se estancan: innovación local contra límites estructurales
Por: M.C. Alberto Damián Flores Araujo
La semana pasada se emitió el Índice de Competitividad Urbana (ICU) 2026, elaborado por el Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. (IMCO), el cual evalúa las condiciones estructurales de las 72 ciudades más importantes de México (que abarcan 372 municipios). El informe lleva por lema «Ciudades que aprenden, comparten y conectan para crecer», enfatizando que los centros urbanos más competitivos logran optimizar su infraestructura común, reducir fricciones de mercado y acelerar el intercambio de conocimiento.
De forma muy general el ICU 2026 mide la capacidad de las ciudades para generar, atraer y retener talento e inversión que se traduzcan en mayor productividad y bienestar habitacional. Donde somete a análisis y evaluación un total de 35 indicadores ordenados bajo 6 subíndices fundamentales: 1) Innovación y Economía: evalúa la sofisticación productiva y la competencia en sectores de alto valor agregado, ciencia y tecnología. 2) Infraestructura: analiza la cobertura y eficiencia de servicios clave (financiero, energético, telecomunicaciones, transporte y salud). 3) Mercado de Trabajo: mide la eficiencia laboral, salarios, productividad por hora y niveles de informalidad. 4) Sociedad y Medio Ambiente: mide la calidad de vida e indicadores de sostenibilidad como la presión hídrica y acceso a la educación. 5) Derecho: evalúa la seguridad pública y la certeza jurídica, pilares críticos que delimitan los costos operativos corporativos y 6) Sistema Político y Gobiernos: mide el desempeño de la gestión local, su autonomía fiscal y los niveles de percepción de corrupción.
Para dar un panorama justo, el IMCO distribuye los resultados generales clasificando las ciudades en seis niveles de competitividad (desde Muy alta hasta Muy baja) divididas en cuatro categorías por tamaño de población.
De acuerdo con las posiciones agregadas reflejadas en el índice, estas fueron las ciudades con mejor desempeño en sus respectivos grupos:
Querétaro ocupa el primer lugar del grupo en las ciudades de más de un millón de habitantes, donde combina un sólido crecimiento económico, una alta diversificación sectorial e innovación, sumado a una notable autonomía fiscal en su gobierno local (ingresos propios del 61.88%). Detrás de ella en los niveles altos se colocan urbes como Guadalajara, Hermosillo y Saltillo.
De 500 mil a 1 millón de habitantes encabeza la lista Puerto Vallarta gracias a su fuerte dinamismo en el sector servicios y turismo (73.38% de ocupación hotelera), altos niveles de inclusión financiera y salarios promedio competitivos.
La Paz se posiciona como la mejor evaluada en las ciudades de 250 a 500 mil habitantes, sustentada por altos puntajes de conectividad digital en los hogares, condiciones seguras (bajas tasas de robo de vehículos) y un amplio acceso a infraestructura de salud.
Con menos de 250 mil habitantes: Delicias lidera este grupo, sobresaliendo debido a coberturas educativas sobresalientes (77.08%), entornos de jornadas laborales extendidas controladas y un buen nivel de infraestructura social.
A grandes rasgos el reporte destaca marcados contrastes y áreas de oportunidad que frenan el potencial de desarrollo en diversas regiones de México, por ejemplo, mientras polos como Hermosillo registran 3.71 centros de investigación por cada 100 mil personas de la PEA, múltiples localidades en el país reportan cero. Asimismo, la Ciudad de México destaca con un mercado sumamente diversificado de 948 sectores económicos, frente a regiones pequeñas como Ozumba con apenas 297.
Por otro lado, ciudades costeras y dinámicas como Cancún (62.89%) y Querétaro (61.88%) demuestran capacidades sólidas para generar ingresos propios y financiar sus servicios. Por el contrario, urbes como Nuevo Laredo (7.77%) muestran una extrema dependencia de las transferencias federales y estatales.
En cuando a la infraestructura y crecimiento persiste una falta de planeación inmobiliaria eficiente; la vivienda vertical apenas predomina en pocos polos (como Xalapa con un 93.72% o Villahermosa con 92.73%), mientras que en varias ciudades es del 0%, propiciando un crecimiento horizontal que encarece de forma masiva el suministro de servicios públicos básicos.
La percepción de corrupción sigue siendo un lastre casi generalizado en las zonas urbanas. Tijuana (92.56%) y Cuernavaca (90.63%) encabezan los peores registros, pero incluso en los municipios mejor evaluados (como Mérida o Querétaro) la percepción ronda niveles altos cercanos al 70%, lo cual deja en evidencia que la corrupción es un problema público que viene acrecentándose en México, pareciera que las políticas estatales no están funcionando en el combate a estas prácticas.
¿Qué nos dice lo anterior en términos de nuestras ciudades coahuilenses que aparecen en el reporte? Las ciudades de Coahuila (Saltillo, Monclova-Frontera, Piedras Negras, Sabinas y la zona metropolitana de la Laguna) evaluadas por el IMCO en el ICU 2026 proyectan al estado como una región altamente atractiva para la relocalización de inversiones debido a su seguridad pública, la alta productividad y formalidad de su mano de obra y un crecimiento urbano mejor ordenado en comparación con el promedio nacional.
Destaca que la zona metropolitana de Monclova-Frontera haya alcanzado un nivel de competitividad alta, si se contrasta con la compleja situación económica y los retos estructurales que la región ha enfrentado en sus sectores industriales tradicionales (como el siderúrgico). Lo anterior tiene que ver con las metodologías utilizadas las cuales dejan en evidencia que cuando una dimensión urbana se mantiene fuerte (como la seguridad o los servicios públicos), actúa como un amortiguador ante las crisis.
Lo anterior establece que ganar competitividad urbana no depende de una sola fórmula perfecta, sino de atender áreas de oportunidad de forma local. Si una ciudad no invierte en revertir sus rezagos en seguridad o suficiencia de recursos, estos terminan actuando como límites estructurales para su crecimiento. Las ciudades del futuro requieren de un balance óptimo que facilite e incentive las inversiones formales mientras asegura un entorno digno, conectado, sustentable y seguro para sus habitantes.




