lunes, junio 1, 2026
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CÁPSULAS SARAPERAS

La glorieta morisca

En esta ocasión te platico la historia de la construcción de una fuente que tenemos en nuestra hermosa ciudad de Saltillo, específicamente en nuestra emblemática Alameda Zaragoza, me refiero a la fuente de las ranas , pero no les hablaré de la fuente, sino de la glorieta.

Al concluir de caminar sobre la calle de Victoria llegas a nuestra Alameda, la cual no siempre fue una, sino en un principio eran dos plazas: la Zaragoza y la Porfirio Díaz. Por cierto, algo que le debemos al “mayor traidor” y “villano favorito” de los mexicanos es precisamente la hoy Alameda, pues fue Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón, mejor conocido como Antonio López de Santa Anna, quien en su estancia por esta hermosa ciudad dispuso de la construcción de una plaza pública central, pero esa es otra historia, por lo que mejor volvamos a la historia de la construcción de lo que hoy es la fuente de las ranas.

Es una fuente que nos da la bienvenida, pero no crea estimada y estimado Saltillense que se trata de una fuente más o de una fuente cualquiera, me refiero a la fuente de las ranas que no siempre fue de las ranas y que no siempre fue fuente.

Literal, una obra de arte, que consta de aproximadamente 40 mil piezas de talavera, elaboradas a casi 9 mil kilómetros de distancia de nuestra ciudad, en Sevilla, España. Una fuente que en un inicio fue una glorieta morisca, que incluso el gobernador Jesús Valdés Sánchez en 1937, en su informe de gobierno, la señaló como una de las grandes obras civiles.

Según una carta que envió el Saltillense Miguel Alessio Robles desde la capital del país al entonces presidente municipal de Saltillo, don Tomás Garza Felán en abril de 1935, la glorieta morisca tuvo un precio de 10 mil pesos, de aquel entonces. La mitad, es decir, 5 mil pesos, serían pagados por el Gobierno del Estado, mientras don Miguel Alessio le solicitaba al alcalde de Saltillo la aportación de mil pesos por parte del Ayuntamiento Saltillense. El alcalde a los pocos días presentó la iniciativa al Cabildo, la cual fue aprobada y le contestó la carta a don Miguel Alessio, en la cual le afirmaba, que una vez que el Estado diera su participación de los 5 mil pesos, el Ayuntamiento de Saltillo pagaría los mil pesos.

Cuatro meses después, es decir, en agosto de ese mismo año, ya cuando la glorieta morisca estaba en construcción, don Miguel le envió otra carta a Garza Felán, pidiendo celeridad para el pago de los mil pesos, los cuales tendrían que enviarse a la brevedad hasta Sevilla, España. Y vaya sorpresa que se debió de haber llevado Alessio, pues quien le contestó fue otro presidente municipal de nuestra hermosa ciudad de Saltillo, Evaristo Cruz Escobedo, quien en varias cartas le dijo en pocas palabras “debo no niego, pago no tengo”.

Al mes siguiente, ya en septiembre, don Miguel Alessio ya suplicaba por la aportación del municipio de Saltillo y cito textual: “Por tal motivo le suplico tenga la bondad de enviar la cantidad con que pueda contribuir ese Ayuntamiento, para convertirla en dólares en un giro sobre Sevilla, por vía Gibraltar a favor del señor Manuel G. Montalván, para que tan pronto como llegue a sus manos ese dinero, envíe los dos o tres surtidores que le faltan a la glorieta”.

La glorieta morisca fue comprada la fábrica de cerámica artística Nuestra Señora de la O, la cual estaba ubicada en la calle Alfarería de Triana en Sevilla, España. Siendo su obra más famosa la “Fuente de las Ranas” de la cual hay varios ejemplares en varias partes del mundo, como lo es en el Parque de María Luisa en Sevilla, otra más en la Plaza de 25 de Julio de Santa Cruz de Tenerife, otra en el bosque de Chapultepec en la Ciudad de México y, por supuesto, la de nuestra querida Alameda Zaragoza.

Por más que indagué o investigué en el Archivo Municipal de Saltillo, no encontré referencia alguna del pago de los mil pesos por parte del ayuntamiento, ¡qué pena!, pero lo que si encontré fue como la glorieta morisca pasó a ser la fuente de los pavorreales y después la fuente de las ranas, pero esa historia es para la siguiente cápsula Sarapera.