
“El domador de la pista sureste”
La gran carpa electoral ya comenzó a levantar sus lonas en Coahuila. Los reflectores apuntan hacia el Congreso local, mientras los partidos afinan sus actos, maquillan candidatos y entrenan a sus trapecistas para una función que, aunque apenas arranca oficialmente, ya tiene números que empiezan a definir quién domina la pista y quién apenas sobrevive vendiendo boletos afuera del circo.
En la región sureste del estado, el espectáculo tiene un protagonista evidente: Chema Morales.
Las más recientes mediciones de la encuestadora Rubrum colocan al exalcalde de Ramos Arizpe con una ventaja que no solo es amplia, sino políticamente contundente. En el Distrito 12 —que comprende Ramos Arizpe, Arteaga, General Cepeda y Parras— Morales aparece con alrededor del 48 por ciento de intención de voto, prácticamente duplicando y hasta triplicando a sus adversarios más cercanos.
Y en política, cuando un candidato entra al ruedo con esos números, ya no actúa como trapecista… actúa como domador.
La explicación no está solamente en la estructura partidista del PRI, que sigue siendo una maquinaria aceitada en Coahuila. El fenómeno de Chema Morales tiene más fondo: conecta directamente con la percepción de resultados. Ramos Arizpe se convirtió en los últimos años en uno de los municipios con mayor dinamismo industrial, crecimiento urbano y estabilidad política de la región sureste. Y aunque toda administración tiene claroscuros, el electorado suele premiar a quienes dejan sensación de orden, obra y cercanía.
Mientras otros candidatos apenas ensayan su rutina frente al espejo, Chema juega con ventaja porque ya fue visto en la pista principal.
La oposición, por otro lado, parece una troupe descoordinada. Morena y sus aliados llegan al proceso con discursos nacionales, pero sin figuras regionales sólidas que logren conectar con el electorado del sureste. El problema no es únicamente electoral; es territorial. En Coahuila, y particularmente en la región sureste, las elecciones todavía se ganan caminando colonias, operando estructuras y generando acuerdos locales. Ahí es donde el oficialismo estatal mantiene control absoluto del escenario.
Movimiento Ciudadano intenta convertirse en el nuevo malabarista juvenil del espectáculo, apostando a capturar voto inconforme, urbano y joven, pero todavía luce lejos de disputar la función principal. Puede crecer, sí. Puede meter ruido, también. Pero hoy sigue siendo acto secundario en la marquesina.
La verdadera lectura política está en otra parte: estas elecciones son el termómetro rumbo al 2027.
Porque aunque el público cree que está viendo una elección legislativa, en realidad los grupos políticos ya están acomodando a sus acróbatas para la siguiente sucesión estatal. Cada distrito ganado será una plataforma de poder, presupuesto y operación rumbo a la gran batalla futura.
Y en esa lógica, el avance de Chema Morales no solo fortalece al PRI en el Distrito 12; fortalece al bloque político del sureste, hoy convertido en el corazón económico y electoral de Coahuila.
En el circo de la política, las encuestas no siempre anticipan el final de la función, pero sí revelan quién entra a la pista con red de protección… y quién camina sobre la cuerda floja sin equilibrio.
Por ahora, en la región sureste, el domador parece tener controlada la carpa. Y mientras unos apenas intentan prender los reflectores, otros ya escuchan los aplausos antes de que empiece oficialmente la función.
“Esperemos a que se acabe el circo, para verle la cara a los payasos”
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