
Columbia, Estados Unidos.- Los expertos llevan años confirmando que el cerebro envejece más rápido o más lento según factores como la edad, la carga genética, los años de estudio, el tabaquismo, la falta de ejercicio y padecimientos como hipertensión o diabetes. Sin embargo, un equipo de la Escuela de Salud Pública Mailman, en la Universidad de Columbia, señala un elemento adicional: el empeoramiento de la economía personal durante la mediana edad y la vejez también se relaciona con fallas de memoria y con mayor probabilidad de desarrollar demencia. El vínculo se fortalece si la situación financiera se deteriora progresivamente.
Su investigación, publicada en ‘American Journal of Epidemiology’, encontró que quienes sufrieron un bajón económico importante experimentaron un declive de memoria equivalente a envejecer cinco meses extra cada año.
Los autores siguieron a 7 mil 676 adultos mayores de 50 años entre 2010 y 2020. Para cuantificar el bienestar financiero crearon un índice de ocho puntos basado en encuestas. Preguntaron si el dinero alcanzaba para lo básico, si costaba trabajo pagar recibos, qué tan conformes estaban con su situación económica y cuánto estrés les generaba.
Después cruzaron el promedio de esos indicadores y sus cambios durante cuatro años con los resultados de pruebas de memoria y con la velocidad a la que esas puntuaciones bajaban en los cuatro años siguientes.
Por cada punto menos en el índice financiero, las personas arrancaban con peor memoria y su deterioro era un poco más acelerado. El golpe fue más fuerte en mayores de 65 años.
Los investigadores plantean que los adultos mayores son más vulnerables porque tienen menos margen para recuperarse económicamente y dependen de ingresos fijos como pensiones o seguridad social. La presión financiera constante puede afectar la cognición por el estrés crónico, menor acceso a servicios de salud y buena alimentación, y menos vida social.
Lo más revelador: el daño parece ser de una sola vía. Ganar dinero después no revierte de forma consistente el deterioro cognitivo previo. Proteger la estabilidad económica en la vejez pesaría más que intentar enriquecerse tarde.
El estrés financiero a los 40 también deja huella
Otro grupo de científicos europeos analizó a adultos de 40 a 60 años. Tras un seguimiento promedio de 21 años a personas en Finlandia, vieron que quienes vivieron estrés económico sostenido en la mediana edad llegaron a la vejez con peor rendimiento cognitivo, incluso demencia, y más limitaciones físicas.
No es solo la falta de dinero. Quienes reportaron más tensión financiera también fumaban más, dormían peor, especialmente las mujeres, y consumían más alcohol que el resto.
Las carencias que vienen desde la infancia
Un estudio de 2025 en Pakistán mostró que toda la trayectoria de vida cuenta para la salud cerebral. Se evaluó a los participantes en seis áreas: educación, salud, condiciones de vivienda y servicios básicos, bienestar psicológico y otros indicadores de calidad de vida.
Entre los adultos con demencia, 40.4 por ciento sufría privaciones en cuatro o más de esas dimensiones. En personas sin demencia, solo 8.9 por ciento. Educación, salud, vivienda y bienestar psicológico fueron los factores con más peso.
La conclusión: mejorar temprano los determinantes sociales de la salud podría prevenir casos de demencia. Acceso a educación gratuita y de calidad, atención médica que incluya salud mental, condiciones de vida dignas y empleo estable reducirían el riesgo colectivo.
Cerebro y nivel socioeconómico: diferencias reales
Neurocientíficos del MIT y Harvard encontraron cambios sutiles en la estructura cerebral ligados al ingreso familiar. Niños de hogares con más recursos mostraron una corteza más gruesa en zonas parietales y temporales, áreas clave para percepción visual, pensamiento y memoria a largo plazo.
Esos rasgos se correlacionan con mejor desempeño académico y con los ingresos de la familia. Las diferencias anatómicas empiezan a notarse cuando la brecha de ingresos supera 44 por ciento.
Diversos trabajos coinciden: estudiantes de familias con menos recursos tienden a rendir menos que los de clase media o alta. Los científicos atribuyen estas diferencias principalmente al entorno, no solo a la genética. (El Heraldo de Saltillo)
https://academic.oup.com/aje/advance-article/doi/10.1093/aje/kwag054/8524840




