lunes, abril 6, 2026
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A LA BÁSCULA

Grito desesperado

Desde el nacimiento de la Comarca Lagunera, los primeros pobladores de esta región con un conocimiento empírico, pero de gran importancia y trascendencia, en las diferentes entradas a la región tendieron a ambos lados de las carreteras interminables hileras de pinabetes, que cuando chicos y empezábamos a ver esos enormes árboles, sabíamos que ya estábamos a punto de entrar a Torreón, a Gómez Palacio, a Ciudad Lerdo.

Pero los simbólicos pinabetes también marcaban las carreteras entre los municipios de Torreón a Francisco I. Madero y de éste a San Pedro, o de Torreón a Matamoros, y de éste a Viesca. Tristemente, las nuevas generaciones hemos venido acabando con esas especies que eran símbolo de nuestra región

Esas hileras no aparecieron ahí por casualidad, ni tampoco fueron plantados de esa manera por el capricho o alguna ocurrencia de alguien, sino con el tiempo y cuando lograban un crecimiento importante, esas hileras de pinabetes se convertían en enormes y fuertes cortinas para contener la fuerza de los vientos en épocas de tolvaneras, e impedían daños mayores en las zonas urbanas, y aún en las comunidades más pobladas de nuestra región.

Poco a poco, aunque todavía quedan algunos cuantos, los pinabetes fueron desapareciendo de la escenografía lagunera. Por descuido muchos se fueron secando, otros cayeron víctimas del vandalismo al ser mutilados o incendiados. No requerían mantenimiento porque son árboles adaptados a nuestra región semidesértica, pero muchos otros fueron talados, destruidos y reducidos a nada, porque ‘estorbaban’ a los propietarios de muchas fincas, ranchos y grandes propiedades de tierra en las afueras de las zonas urbanas.

A nadie le interesó su conservación y por ello los ejemplares desaparecidos por el motivo que fuera, jamás fueron reemplazados, nunca se reforestaron las zonas que iban quedando desarboladas, en una clara agresión hacia la naturaleza.

Ciudad Lerdo, municipio conocido como Ciudad Jardín y hasta se le llegó a conocer como el Coyoacán Lagunero por la riqueza de su vegetación. A la entrada a por el bulevar Miguel Alemán, hay una pequeña zona con enormes árboles donde hace muchos años fue el vivero de Lerdo, y más recientemente conocido como el Parque de las Auras por la gran cantidad de estas enormes aves que lo adoptaron como su lugar de residencia y reproducción.

En días recientes, la alcaldesa Susy Torrecillas mandó eliminar los árboles que estaban plantados en la cuadra sur de la presidencia municipal, por la calle Allende, con el pretexto de que había fallas mecánicas del suelo de la banqueta y que estaban afectando las paredes del edificio municipal.

Sin decir agua va, sin socializar el tema, sin consultarlo con la ciudadanía o al menos haber informado de lo que se pensaba hacer, un día desaparecieron los árboles, en otra clara agresión a la naturaleza, que apenas el sábado lanzó un grito desesperado para frenar tanta agresión en su contra.

Una inusual especie de tromba, con fuertes vientos acompañados de una intensa lluvia y enormes bolas de granizo, azotaron a La Laguna la noche del sábado, pero pareciera que se ensañaron con nuestra Ciudad Jardín. Espacios como la Plaza de Armas, la Plazuela Juárez, y el Parque Victoria entre otros, quedaron devastados -así como una buena parte de la ciudad resultó afectada- decenas de árboles fueron arrancados de raíz y muchos otros sus grandes ramas quedaron fracturadas, la mayoría ‘podados’ por la fuerza del viento y el impacto del granizo, cientos de aves que se refugiaban en éstos, cayeron fulminados por los impactos de las bolas de granizo.

La del sábado fue una noche muy larga, las calles inundadas y muchas casas con los cristales rotos –entre ellos los vitrales de la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, contigua a la presidencia municipal-, pero el amanecer del domingo fue terrible al ver en la ciudad la devastación en todas sus calles y paseos públicos, árboles caídos, aves muertas y montones y cerros de basura de los árboles trasquilados por la fuerza del viento y del granizo. Una total desolación, y unas ganas enormes de llorar de tristeza por ver cómo quedó nuestro Coyoacán Lagunero.

La tristeza nos invadió a todos los laguneros y más a los lerdenses, pero lo desolador del panorama también nos obliga a hacer una pausa y reflexionar cómo durante muchos años no hemos parado de agredir a nuestra madre naturaleza, que hoy nos lanza un grito desesperado para que cesemos esa agresión.

Pero mientras, las autoridades municipales en Lerdo siguen desapareciendo nuestros árboles, mientras las autoridades federales y estatales siguen prestando oídos sordos al reclamo de muchos laguneros de salvar, de volver a revivir a nuestro querido Río Nazas, al que los antiguos respetuosamente y a manera de agradecimiento por la generosidad dada a nuestras tierras le llamaban ‘Padre Nazas’.

Ojalá parara esa agresión a la naturaleza, ojalá no ignoremos este lastimoso grito desesperado que nos acaba de dar. Si los políticos no lo hacen, los ciudadanos debemos tomar cartas en el asunto.

 

laotraplana@gmail.com

 

X= @JulianParraIba