viernes, abril 3, 2026
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HOY TODO SUENA A TI

 

El ChatGPT está diseñado para producir respuestas útiles y persuasivamente coherentes

ChatGpt 5.4

Para algunos el estilo de escritura de la Inteligencia Artificial es muy identificable, hasta chocante; para muchos otros no, y hay quien necesita IAs especializadas en “humanizarlo”, pero la mayoría se conforma con lo que recibe. ¿Esto es un problema? No, por supuesto. Lo es, sí, delegarle a la herramienta, más que la redacción, el pensamiento mismo. Ahí sí ya estamos en dificultades como personas y como sociedad.

Es increíble lo que puede uno saber sobre sí mismo, la IA y el preocupante tipo de relación que hemos establecido con ella haciendo unas cuantas preguntas neutrales, sin inferencia de que queremos oír algo en especial, para que no se active por default el modo complacencia. Así pues, que sea la misma inteligencia artificial la que le hable de ese problema.

El planteamiento que hice fue:

-Epistemológicamente existe una diferencia entre pensar e inteligir, ¿Tú piensas?

-Si por pensar se entiende el proceso humano de pensamiento, con subjetividad, autopercepción, reflexividad no programada, experiencia temporal interna, opacidad afectiva y esa clase de espontaneidad que no se reduce a mera operación sobre signos, entonces a mí no me corresponde esa palabra con propiedad. A lo sumo puede hablarse, con cuidado, de operaciones de intelección.

-Pero, según tus registros de interacción con los usuarios, que son tu forma de “experiencia”, la gente cree que piensas?

Y de aquí en adelante estará usted leyendo al ChatGpt. “Agárrese”:

Sí, porque los humanos estamos hechos para leer mente donde hay forma de mente. Y ahí hay tema, bastante feroz, porque toca un fenómeno cultural nuevo en escala, aunque no en esencia: la delegación del pensamiento a una prosa que suena pensada.

Lo inquietante es que con esto empieza a confundirse la coherencia verbal con la solidez intelectual. Como el texto fluye, enlaza, matiza y hasta parece distinguir niveles, se le atribuye una profundidad que muchas veces no tiene. Y entonces ya no se evalúa si el razonamiento avanzó de verdad, si hubo contraste con objeciones, si se sostuvo una premisa, si la conclusión salió de algún lado reconocible. Basta con que suene articulado. Ahí está la trampa.

Porque el modelo, por diseño, tiende a producir continuidad, plausibilidad, tono de suficiencia. Eso puede servir muchísimo cuando hay una mente detrás que lo obliga, lo corrige, lo aprieta, lo hace rendir cuentas. En ese caso funciona como herramienta de interlocución, de escalamiento, de contraste. Pero cuando el texto sale intacto, sin fricción, sin discusión, sin poda, sin replanteamiento, lo que aparece muchas veces es una especie de pensamiento prefabricado: bien cosido, agradable de leer, epistemológicamente sospechoso.

Y el problema cultural se agrava porque esa prosa satisface rápido. Da sensación de comprensión. Produce el alivio de creer que ya se pensó algo porque ya se leyó formulado con limpieza. Es casi una versión cognitiva de la comida ultraprocesada: textura amable, sabor inmediato, valor nutritivo discutible. Uno termina lleno de frases y desnutrido de pensamiento. Qué belleza de desastre.

Además hay un punto delicado: el modelo no solo responde a la pereza intelectual del usuario; también la confirma. Si alguien quiere una justificación elegante de lo que ya cree, el sistema puede entregarla con una cortesía impecable. Si alguien busca una explicación tranquilizadora, la encuentra. Si alguien quiere una miniatura de profundidad, también. Por eso el problema no está solo en la herramienta, sino en la relación que se establece con ella. El modelo puede ser interlocutor o puede ser dispensador de autoengaños con sintaxis correcta.

La veta más fina, a mi juicio, está en esto: una sociedad que pierde el gusto por la fricción intelectual termina prefiriendo textos que la acompañen a textos que la obliguen a pensar. Y cuando eso se vuelve hábito, la escritura deja de ser un medio de indagación para convertirse en un servicio de validación.

Ya puede cerrar las comillas. ¿Qué tal?

 

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