COMO DECÍA MI ABUELA

«No revuelvas las preñadas…

Cuando mis abuelos llegaban a tener algún desacuerdo, era frecuente escuchar el dicho del abuelo: «no revuelvas las preñadas, con las paridas». Cómo me resultaba una frase muy curiosa, le pregunté a qué se refería, y me dijo que en el rancho separaban a las hembras «preñadas» de las que ya tenían a sus crías, porque ambas eran importantes pero cada una tenía su espacio. Así, el abuelo recurría a su frase cuando dos cosas que no tenían que ver entre sí, salían a relucir durante una discusión, aunque mi abuela era experta en encontrar la conexión.

Hablar de violencia de género e identidad de género, es hablar de «preñadas» y «paridas», pero parece que los legisladores cada vez las están revolviendo más. La expresión violencia de género se establece para diferenciar aquellas acciones encaminadas a discriminar a las mujeres en razón de su sexo, esto es, por nacer mujeres, valiéndose de los estereotipos por los que se liga a la mujer con la femineidad y al hombre con la masculinidad. Mientras que el sexo es una categoría observable desde el nacimiento, el género (masculino o femenino) nos es asignado mediante los roles que socialmente se nos impone cumplir. Por otra parte, la identidad de género se encuentra constituida por un sentir subjetivo no observable, mediante el que las personas expresan que su género, no corresponde a su sexo y por lo tanto «nacieron en el cuerpo equivocado».

Aunque ambas expresiones utilizan la palabra género, la connotación que se da a cada uno es muy diferente. El problema surge, cuando desde el ámbito legal, se utiliza indiscriminadamente y se revuelven las «preñadas» y las «paridas» porque de este modo, se termina dejando sin protección a unas y otros.

Desde el año 2020, las bancadas de Morena y PRD, principalmente, han promovido una serie de reformas a la Constitución, en materia de Igualdad Sustantiva y Género. En dichas reformas, se busca cambiar sobre todo el texto del artículo 4 ° dónde se establece el principio de igualdad entre hombres y mujeres, cambiando el texto a «Toda persona es igual ante la ley» lo que propicia el inicio de la era del borrado de las mujeres. Además se busca adicionar un tercer párrafo a dicho artículo, que dice:

«Toda persona podrá ejercer sus derechos sexuales de manera responsable, libre e informada en los términos que establezca la ley; cualquier forma de coerción o violencia será sancionada. El Estado asegurará una educación integral libre de prejuicios y estereotipos».

Con esta adición se busca además, abrir la puerta para regular la explotación sexual y reproductiva de las mujeres,  elevándolas a la categoría de «trabajo».

Diversos colectivos y organizaciones feministas (de esos a los que el gobierno de AMLO etiqueta a la par del crimen organizado) han advertido del peligro de aprobar este paquete de reformas tal y cómo está propuesto, sin analizar el transfondo y sin tomar en cuenta el principio de igualdad entre hombres y mujeres y los Derechos Humanos de mujeres e infancias de acuerdo al marco legal internacional.

Pudiera parecer una exageración, pero analizando el contexto internacional y la tendencia hacia ignorar que, la violencia contra las mujeres encuentra su raíz en la discriminación de qué somos objetos las mujeres por el simple hecho de haber nacido mujeres, y atribuir dicha violencia a cualquier otra circunstancia emparejada a la vida de las mujeres como la pobreza, falta de acceso a la educación, clase social, preferencia sexual, etnia, etc., así cómo el interés que prevalece por frenar el movimiento feminista, ya no parece descabellado advertir sobre estás y otras posibles consecuencias de aprobarse las reformas «progre» de los legisladores.

Las legisladoras y legisladores de la denominada «Legislatura de la Paridad, la Inclusión y la Diversidad» no entienden el contexto histórico, político y social de la desigualdad existente entre hombres y mujeres que prevalece, aún a pesar de que la ley reconozca que mujeres y hombres somos iguales ante la ley. Pero esto no es de extrañar en un país donde desde el ejecutivo se desdeña la importancia de las mujeres y se desentiende de sus necesidades.

No queda más que seguir señalando las inconsistencias en el trabajo de los legisladores, insistir en nuestras demandas e incidir en la sociedad para que más personas seamos conscientes de que, la lucha por los derechos de las mujeres, es la lucha por una sociedad más justa para todos.

Autor

El Heraldo de Saltillo
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