jueves, octubre 22, 2026
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AVISO DE CURVA

 

En lo personal, prefiero un juego de Saraperos, los festivales del pan de pulque en Ramos Arizpe o la Semana Santa en General Cepeda. Pero hay que reconocer que Saltillo se puso en modo vaquero. Por varios días, la ciudad se convirtió en el punto de encuentro de los aficionados al rodeo y la cultura vaquera del país.

Los eventos del Rodeo Saltillo estuvieron abarrotados. Hubo miles de asistentes locales. También se reportaron visitantes de otras ciudades de Coahuila y del norte del país. Los negocios registraron buenas ventas.

El éxito del evento es una ventana de oportunidad para Saltillo. La ciudad puede hacer de esta afición un atractivo turístico. Hay potencial para atraer visitantes, impulsar el comercio y generar empleo. Y no solo durante el rodeo, sino en distintas fechas del año.

En esto hay que ser prácticos y estratégicos. Ciudades como Saltillo, sin playas ni zonas arqueológicas, tienen que encontrar una identidad turística propia y despertar el interés de quienes visitan la región. Más cuando Monterrey concentra mucho de ese turismo.

El mejor ejemplo es Aguascalientes, una ciudad con un perfil urbano parecido al de Saltillo. Sin embargo, su Feria Nacional de San Marcos, una de las más famosas de México, tiene una envidiable proyección turística y una derrama económica gigantesca.

No olvidemos que las corridas de toros, la charrería y las peleas de gallos, junto con la feria, fueron reconocidas como patrimonio cultural de Aguascalientes en años recientes.

Por eso no debería sorprender que las autoridades de Coahuila busquen alternativas para impulsar las expresiones culturales de la región. Es su responsabilidad. Se trata de preservar las tradiciones y ofrecer opciones de esparcimiento. La cultura es calidad de vida y también genera empleos.

Creo entender la apuesta de las autoridades. Hace unos días, el Congreso del Estado declaró al rodeo patrimonio cultural de Coahuila. En mi opinión, este reconocimiento tiene un doble propósito, como en Aguascalientes.

El primero es preservar una tradición fuertemente arraigada en la entidad. La cultura vaquera de Coahuila nace de las costumbres y la vida de los pueblos y ejidos, de la actividad ganadera y agrícola, de la música, el baile y la vestimenta de botas y sombrero muy común en la región. También hay cierta influencia del rodeo estadounidense, convertido en una poderosa industria en ese país.

Y no olvidemos que Saltillo alberga a la UAAAN, la universidad del campo por excelencia. Allí concurren muchas de estas expresiones. Quienes llegan a estudiar desde otros estados suelen regresar a sus tierras impregnados de esa cultura vaquera.

El segundo propósito es fortalecer esa tradición para atraer visitantes e impulsar la economía.

En Coahuila hay muchas actividades que mantienen viva esa afición. Están las cabalgatas, conciertos, rodeos, jaripeos, exposiciones ganaderas y festivales gastronómicos. También están los programas de radio y televisión, y las tiendas de ropa y accesorios vaqueros. Estas actividades llevan décadas realizándose en todo el estado.

Es verdad que hay otras expresiones culturales que esperan su reconocimiento. En la música, la artesanía, la danza, la literatura y la gastronomía hay tradiciones que deben preservarse. Por lo pronto, tocó el turno a la cultura vaquera.

En esa apuesta hay mucho del estilo del gobernador Manolo Jiménez. Pero nadie puede negar que la afición al rodeo y, en general, al modo vaquero tiene raíces muy profundas en Coahuila.

Cuando las tradiciones ya existen, solo hay que mantenerlas vivas y encontrarles un lugar en la economía.