lunes, octubre 12, 2026
Inicio OPINIÓN CON-CIENCIA Y SIN CORBATA

CON-CIENCIA Y SIN CORBATA

El aficionado también se cansa

Le voy al Cruz Azul. Lo aclaro de entrada para que nadie me acuse de cambiar de camiseta ahora que voy a hablar del Santos. Bastantes sufrimientos hemos tenido que aguantar los de la Máquina. Pero soy coahuilense. Y aunque uno tenga sus colores, me interesa lo que pasa con un equipo que representa tanto para La Laguna y para mi estado.

Estos días leí en El Míster un análisis de Emmanuel Toledo que se llama “La caída de un proyecto ‘ejemplar’”. Habla del deterioro deportivo y económico del Santos Laguna. Se los recomiendo, y más si les interesa lo que pasa en el futbol cuando la cámara deja de seguir la pelota.

A mí me dejó pensando en algo que pasa en las empresas: ¿cuánto tiempo puedes vivir de haber hecho las cosas bien?

Santos construyó una fama por encontrar talento, desarrollarlo, competir y vender jugadores. Había una lógica atrás de todo esto. No necesitas tener la cartera más grande de la liga si sabes detectar lo que otros no. El problema es mantener esa capacidad en el tiempo.

Según los números que juntó Toledo, el gasto en fichajes pasó de 17.2 millones de dólares en la temporada 2023-24 a 3.4 millones en la 2025-26. Una reducción mas o menos al 80%. Es gasto en fichajes, no el presupuesto completo del club, pero de todos modos llama la atención el cambio de enfoque tan abrupto.

También reporta que las entradas promedio bajó de 23,235 personas en 2018-19 a 12,650 en 2025-26.

Y ahí la cosa me empezó a interesar todavía más. Vender un jugador deja una muy buena lana. Pero el aficionado que compra el boleto quiere sentir emoción y saber a qué ídolo va a ir a ver jugar cada fin de semana.

Imagínense explicarle: “Perdimos, sí, pero vieras qué bonito quedó el margen de la transferencia”. A ver quién le entra a la siguiente tanda de abonos.

Entiendo perfectamente que un club necesita vender, administrar recursos y cuidar sus finanzas. Justamente por eso importa lo que viene después de una buena venta: a quién contratas, cómo lo desarrollas y qué equipo estás construyendo con ese dinero.

En una empresa también puedes “mejorar” temporalmente los números recortando capacitación, mantenimiento o personal. El ahorro aparece rápido. Darte cuenta cuánto te costó normalmente tarda un poco más.

No tengo acceso a las cuentas del Santos para jurarles que eso explique su situación actual. Pero su caso sí me hace reflexionar cómo distinguimos una operación eficiente de una que está consumiendo lo que tardó años en construir.

Luego vienen los cambios de entrenador. Cada llegada trae una idea, otros métodos y nuevas peticiones. El jugador que le servía al anterior seguramente ya no sirve ahora. Hay que ajustar otra vez.

En la oficina hemos visto esa película: llega un director, cambia las prioridades, reorganiza al equipo y, cuando apenas aprendimos cómo quiere el reporte, ya llegó su reemplazo. Eso sí, todos vienen a implementar un proyecto de largo plazo. Algunos ni alcanzan a conocer dónde guardan el café.

Cambiar siempre es necesario. Pero cuando el mismo problema sobrevive a varias personas, vale la pena revisar quién define el rumbo, cómo se toman las decisiones y qué condiciones encuentra cada nuevo responsable. Y mientras adentro reorganizan, afuera hay gente esperando.

Para muchos aficionados, ir al estadio significa separar dinero, organizar a la familia y dedicarle buena parte del día. Claro que aceptan perder; cualquiera que siga un equipo o deporte sabe esa posibilidad. Lo que cuesta más es repetir el esfuerzo sin entender el rumbo del club.

Me gustaría ver al Santos recuperar su nivel. Por La Laguna, por Coahuila y porque tener un equipo competitivo aquí nos da mucho de qué hablar, discutir y sentirnos orgullosos.

La historia del club vale reconocimiento. También debería servir para elevar la exigencia sobre lo que sigue. El aficionado ya puso la camiseta, el dinero y los domingos. La pregunta es qué proyecto le van a poner enfrente.

Lectura que dio origen a esta columna: Emmanuel Toledo, “La caída de un proyecto ‘ejemplar’”, El Míster.