Quitar sufrimiento
Una nueva crisis enfrenta el IMSS, Instituto de Seguridad Social en México que da asistencia médica al mayor contingente poblacional del país. En Guadalajara Jalisco la unidad de cuidados intensivos de neonatologia ha sido testigo en los últimos meses de más de 18 fallecimientos de bebes contaminados por una bacteria. Esta terrible situación refleja, entre varias cosas, la lentitud con la que la institución reacciona a una alerta, pero también el manejo que se le da. Una historia similar ocurre en Durango, cinco bebes han fallecido por un contagio con una bacteria hospitalaria.
La reacción que ha tenido el Instituto, y las destituciones que ha anunciado, me permiten advertir que la situación es resultado de un mal manejo, la violación de algún protocolo o la omisión de un deber de cuidado. Y esto en los tiempos en que se ha expresado la falta de recursos para algunos procedimientos. Si es resultado de una mala decisión las consecuencias son irremplazables, el dolor de los padres plasma solamente que en el pasado quedó la esperanza. La sociedad, aunque con tibieza, ha reaccionado, pero siempre la salud ha sido un tema que políticamente es muy tolerado, el funcionario que trabaja en salud parece expiar todas sus cuitas como también pasa en educación, los señores profesores y también doctores se convierten en profesiones divinizadas cuyo veredicto acatamos desde nuestra ignorancia.
Toda proporción guardada, las reacciones son las mismas cuando se trata de identificar las alertas situacionales que pueden tener consecuencias de imposible reparación. El futuro es desconcertante, pero no indescriptible. Tenemos elementos científicos para tener algún conocimiento del futuro; la planeación, la probabilidad, estadística y la preferencia son ejemplos de disciplinas que estudian lo que viene a partir de lo que se tiene o tuvo.
La esencia de una prioridad guarda una especial relación con nuestros valores, lo que consideramos importante y reaccionamos a esa importancia. Las acciones que hemos visto han sido tendientes a la carga de responsabilidades mediante algunas destituciones pero escasamente a la prevención a futuro. Aunque siempre es difícil traducir los complejos procesos hospitalarios si es necesario reconstruir la confianza en un tiempo de duda y rechazo. Los protocolos higiénicos y sanitizantes deben ser reevaluados, las inversiones recalculadas para asegurar que el hospital sea un lugar que de bienvenida y no antesala de azar más allá del estado en el que llegamos.
Cuando se roba la esperanza el daño es irreparable. En situaciones críticas e irreparables también el oportunismo político aparece y los discursos confunden más que lo que orientan, manipulan las emociones para convertir la angustia en odio o el dolor en ira. Las heridas de pena se convierten en heridas infectadas de culpa. Eso no ayuda, las familias víctimas de alguna omisión, conservan un dolor irreparable, pero la solución no está en su dolor sino en el significado del mismo, el cambio causado y la esperanza floreciente en el evitamiento a futuro de otras tragedias. No solo en un hospital en el que los factores son diversos, sino en toda acción, la inseguridad amenaza, la economía cala, las acciones humanas que traspasan límites pierden formas e inquietan el destino, ahí debe estar el cuidado y la vocación de un estado que establece sus normas. Cuando alguien, pudiéndolo hacer, no es capaz de quitar un momento de sufrimiento entonces no merece la pena seguirlo. ¿verdad?





