martes, julio 14, 2026
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SALTILLO PASO A PASO

La llegada tlaxcalteca al valle de Saltillo

La mañana del 6 de julio de 1591 las carretas empezaron a moverse desde Tlaxcala con rumbo al norte. Era una caravana larga y lenta; traían consigo todo lo necesario para fundar un pueblo tlaxcalteca desde cero: semillas de hortaliza y cereales, flores de árboles frutales, plantas medicinales y magueyes para asegurar el sustento en lo que sería su nuevo hogar. Los que miraban partir aquella caravana vieron algo que no olvidarían: hombres caminando a los flancos de las carretas; arriba, mujeres y niños; tres frailes franciscanos encargados de la parte espiritual; y, al frente, el capitán general Agustín de Hinojosa Villavicencio con su tropa de escolta. Entre los líderes nobles que acompañaban la columna iban don Buenaventura de Paz y Joaquín de Velasco, representantes de los señoríos tlaxcaltecas con autoridad para tomar decisiones en nombre de la comunidad.

Los documentos describen un estado de ánimo de incertidumbre: la caravana se caracterizó desde el principio por ciertos temores ante un lugar lejano y desconocido, además lleno de historias de peligro. La empresa no fue fácil. El norte de la Nueva España tenía una mala fama bien ganada. Los grupos nómadas seguían atacando a los viajeros, robando ganado y emboscando convoyes en los caminos. Ir hacia el norte con mujeres y niños fue una decisión muy meditada; nada se dejó a la ligera. La escolta militar era necesaria, pero en un territorio tan vasto y tan poco controlado, una escolta por muy grande que fuera no garantizaba nada.

El viaje fue largo y agotador. Las jornadas a través del altiplano, la sierra y las tierras cada vez más secas del norte pusieron a prueba la determinación de las familias. El punto de quiebre llegó en un paraje llamado Cuicillo, donde la caravana original se dividió: parte de las familias se quedaron en otros destinos de la región minera, como San Miguel Mexquitic y Colotlán, que también recibirían colonias tlaxcaltecas como parte del mismo plan virreinal. Pero las familias del señorío de Tizatlán, destinadas a Saltillo, se negaron a continuar. No estaban conformes con los lugares que les habían asignado y amenazaron abiertamente con darse la vuelta y regresar a Tlaxcala. Fue una crisis real que puso en riesgo todo el plan. Uno de los reclamos más sonados fue que no había suficiente sal y no se sabía de dónde la obtendrían.

Fue en ese momento cuando entró Francisco de Urdiñola. Comisionado expresamente para conducir a los colonos tlaxcaltecas hasta su destino final y presidir la fundación formal del nuevo pueblo, Urdiñola llegó a Cuicillo la mañana del primero de agosto de 1591 y se encargó de negociar con las familias de Tizatlán. Cuicillo se ubicaba en la frontera entre los actuales estados de Aguascalientes y Zacatecas. En ese punto se decidieron los destinos de las familias, y desde ahí se encaminó el grupo hacia el valle del Saltillo, donde después se fundó San Esteban de la Nueva Tlaxcala.

Cómo los convenció no quedó registrado con detalle, pero el resultado sí se conoce: a finales de agosto, una larga fila de treinta carretas con doscientas cuarenta y seis personas, hombres, mujeres y niños emprendió el último tramo del camino hacia el valle del Saltillo.

Cuando llegaron los tlaxcaltecas, los testigos en la villa de Santiago del Saltillo describieron la entrada de la caravana con una imagen que les quedó marcada: carretas acompañadas por hombres que marchaban a sus flancos luciendo tilmas de variados colores. Era una imagen que nadie en Saltillo había visto antes. La villa española, que había luchado por sobrevivir sus primeros catorce años, estaba a punto de recibir a sus vecinos y salvadores más importantes. Dos comunidades con historias muy distintas iban a compartir, desde ese momento, el mismo valle y los mismos manantiales, además de un destino que ninguna de las dos había planeado. Con el tiempo, la villa de Santiago y el Pueblo de San Esteban harían, cada una, lo suyo para salir adelante. Y así fue.

 

Fuentes

Celestino Solís, Eustaquio. El Señorío de San Esteban del Saltillo. Voz y escritura nahuas. Siglos XVII y XVIII. Saltillo: Archivo Municipal de Saltillo, 1991.

Dávila del Bosque, Ildefonso. Los Cabildos Tlaxcaltecas. Saltillo: Archivo Municipal de Saltillo, 2000.

Gibson, Charles. Tlaxcala en el siglo XVI. México: Fondo de Cultura Económica, 1991.

Powell, Philip Wayne. La guerra chichimeca (1550–1600). México: Fondo de Cultura Económica, 1977.

Cavazos Garza, Israel. Saltillo en la historia y en la leyenda. Saltillo: Archivo Municipal de Saltillo, 1979.

Esparza Cárdena Rodolfo. https://www.milenio.com/opinion/rodolfo-esparza-cardenas/tiempo-vivido/tlaxcaltecas-en-el-norte