martes, julio 14, 2026
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COMPETENCIA Y COOPERACIÓN

 COLUMNA DE EL COLEGIO DE ECONOMISTAS DE COAHUILA, A.C.

 

Así ha cambiado la alimentación de los hogares de Coahuila en los últimos 28 años

 Por: Dr. Victor Manuel Geronimo Antonio

Cuando pensamos en los cambios que ha experimentado nuestra sociedad durante las últimas décadas, solemos hablar de la tecnología, la economía o las formas de trabajar. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a observar algo que ocurre todos los días: la manera en que nos alimentamos.

En una investigación que realicé sobre los hogares de Coahuila, analicé cómo han cambiado los patrones de gasto y consumo alimentario entre 1996 y 2024. Con informaciónde la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), los resultados muestran una transformación importante en la mesa de las familias y reflejan, al mismo tiempo, los cambios económicos, sociales y culturales que ha vivido nuestro estado.

Uno de los hallazgos que más llamó la atención fue que algunos alimentos básicos han perdido presencia en la dieta de los hogares. El consumo semanal de tortilla de maíz disminuyó cerca de 30%; el de leche cayó casi 45%; el frijol se redujo alrededor de 27% y también descendió el consumo de jitomate, cebolla y papa. Estos productos han formado parte de la alimentación tradicional de las familias mexicanas durante generaciones.

En contraste, se observó un crecimiento importante en el consumo de alimentos preparados. Hoy es más frecuente comprar pollo rostizado, tacos, tamales, pizzas, guisados, tortas, barbacoa o menudo listos para consumir. Además, las familias destinan una mayor parte de su presupuesto a desayunar, comer o cenar fuera de casa.

Esta tendencia parece estar relacionada con el ritmo de vida actual. Cada vez más integrantes del hogar trabajan, los tiempos de traslado son mayores y existe una amplia oferta de alimentos preparados. En muchos casos, cocinar diariamente resulta más complicado que hace 28 años.

Otro resultado que merece especial atención es el elevado consumo de bebidas. Los refrescos continúan siendo uno de los productos con mayor presencia en los hogares de Coahuila, con un consumo promedio cercano a 6.6 litros por semana por hogar. A ello se suma el incremento en el consumo de cerveza, que pasó de poco más de 4 litros a 5.5 litros semanales por hogar durante el periodo analizado.

Aunque el estudio no busca establecer relaciones directas entre estos patrones de consumo y las enfermedades, resulta inevitable preguntarnos qué implicaciones podrían tener estas tendencias en un contexto donde México enfrenta altos niveles de obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares.

Los resultados también muestran que el ingreso continúa siendo uno de los factores que más influye en las decisiones de compra. Cuando mejora la situación económica de las familias, aumenta el gasto en la mayoría de los alimentos. Ese mayor poder adquisitivo también favorece el consumo de alimentos preparados y de comidas fuera del hogar, lo que confirma que las decisiones alimentarias no dependen únicamente del ingreso, sino también del tiempo disponible, el estilo de vida y la oferta existente en el mercado.

La educación también desempeña un papel importante. Los hogares cuyos jefes de familia tienen mayor nivel educativo destinan relativamente más recursos a alimentos como frutas frescas y pescados, y reducen el gasto en productos con mayor contenido de grasas y bebidas azucaradas o alcohólicas. Esto sugiere que la educación favorece el acceso a información nutricional y, por tanto, puede favorecer las decisiones de consumo más saludables.

En realidad, la alimentación funciona como un espejo de la sociedad. Los hogares de hoy son más pequeños, hay menos niños, más adultos mayores y una mayor participación de las mujeres en el mercado laboral. Todos estos cambios han modificado la forma en que compramos, preparamos y consumimos nuestros alimentos.

Comprender estas transformaciones es fundamental para diseñar mejores políticas públicas de salud, nutrición y seguridad alimentaria. También representa una oportunidad para reflexionar sobre nuestros propios hábitos. Después de todo, cada decisión que tomamos al llenar el carrito del supermercado o al elegir dónde comer forma parte de una transformación mucho más amplia que está redefiniendo la alimentación de las familias coahuilenses.