martes, junio 23, 2026
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CIRCO POLÍTICO

La carpa que espera su gran depósito de agua

En el gran circo del sureste de Coahuila hay un acto que lleva décadas anunciándose, pero que nunca ha subido al escenario principal. Mientras los trapecistas cambian y los domadores se suceden en la pista, el público sigue esperando la función más importante: una presa para asegurar el agua del futuro.

Porque si algo comienza a encender las luces de alarma, es que Saltillo, Ramos Arizpe, Arteaga y General Cepeda ya no pueden seguir viviendo únicamente de los acuíferos subterráneos. El viejo truco de extraer más y más agua del subsuelo está llegando a su límite. Investigaciones y planes hídricos de la Comisión Nacional del Agua han advertido desde hace años sobre la necesidad de obras de almacenamiento y recarga artificial para los acuíferos Saltillo-Ramos Arizpe y Región Manzanera-Zapalinamé.

La historia explica por qué la capital de Coahuila nunca contó con una gran presa. Desde su fundación, Saltillo dependió de los manantiales de la Sierra de Zapalinamé y posteriormente de pozos profundos. La ciudad creció, la industria llegó y la población se multiplicó, pero las grandes obras hidráulicas siempre se concentraron en otras regiones del estado, como La Laguna, la Carbonífera o la frontera.

Así, mientras en otras pistas del circo se levantaban enormes carpas acuáticas, en el sureste se siguió confiando en la lluvia, en los veneros y en los acuíferos.

Pero el espectáculo cambió.

Las sequías son más frecuentes, la demanda aumenta y las lluvias torrenciales que cada año provocan inundaciones terminan en Nuevo León, escurriéndose sin ser aprovechadas en Saltillo. Miles de millones de litros se pierden mientras las ciudades continúan perforando pozos cada vez más profundos.

Por eso no resulta casual que ahora los alcaldes de la región sureste hayan cerrado filas alrededor del gobernador Manolo Jiménez Salinas. Entienden que ésta ya no es una discusión política, sino una necesidad de supervivencia.

Los ingenieros hidráulicos han señalado durante años que las zonas de la Sierra de Zapalinamé y las cuencas cercanas a Derramadero y General Cepeda representan áreas con potencial para obras de captación y represas que permitan infiltrar agua y fortalecer los mantos acuíferos. Incluso, desde 2019, la propia CONAGUA planteó la posibilidad de construir represas y sistemas de retención para favorecer la recarga del acuífero de Saltillo.

Los beneficios serían enormes: Garantizar agua para las futuras generaciones; reducir la sobreexplotación de los acuíferos; mitigar inundaciones durante las lluvias intensas; crear reservas para enfrentar sequías prolongadas; fortalecer la actividad industrial y económica y generar nuevos microclimas y favorecer la conservación ambiental.

Porque, al final, el agua será el tema que defina el desarrollo del siglo XXI.

En la carpa política suelen abundar los malabaristas que viven de los aplausos inmediatos y los payasos que prometen soluciones mágicas. Pero las grandes obras no se construyen pensando en la siguiente elección, sino en las siguientes generaciones.

Y quizá ha llegado el momento de que el sureste de Coahuila deje de ser el espectador que observa cómo otras regiones tienen sus grandes depósitos de agua.

Porque cuando la sed comienza a asomarse entre las butacas, el verdadero maestro de ceremonias ya no es la política.

Es la realidad. Y esa, tarde o temprano, siempre termina bajando el telón.

 

“Esperemos a que se acabe el circo, para verle la cara a los payasos”

 

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