
Oriente Medio se está hundiendo cada vez más en la crisis, advierte el titular de la ONU al Consejo de Seguridad. Las consecuencias se extienden al resto del mundo, especialmente a los países más vulnerables: los precios de la energía se disparan y las cadenas de suministro se ven perturbadas. Los fertilizantes son más caros y el hambre se extiende. La inflación se dispara y la deuda se acumula.
Oriente Medio se parece cada vez más a un frente único, cuyas ondas expansivas se propagan a todos los rincones del mundo. Desde Líbano hasta Gaza, desde el estrecho de Ormuz hasta Siria, los antiguos focos de tensión se alimentan mutuamente y sus consecuencias se sienten mucho más allá de la región.
Esta es la preocupante conclusión que presentó este miércoles el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, ante el Consejo de Seguridad, reunido en Nueva York para un debate sobre la paz en Oriente Medio bajo la presidencia del presidente colombiano, Gustavo Petro.
Una escalada en el Golfo hace subir los precios de la energía en todo el mundo, perturba las cadenas de suministro y el comercio internacional, y provoca un aumento del precio de los fertilizantes y los alimentos.
“Oriente Medio se está hundiendo cada vez más en la crisis”, advirtió el jefe de la ONU. “Y las consecuencias se extienden al resto del mundo, especialmente a los países más vulnerables”.
El Líbano, síntoma de una región bajo tensión
Para António Guterres, el Líbano se ha convertido de nuevo en uno de los puntos más peligrosos de la región. Desde marzo, los enfrentamientos entre Israel y Hezbolá han superado nuevos umbrales. El jefe de la ONU habla de civiles asesinados, localidades vaciadas de sus habitantes, destrucciones masivas en el sur del país y más de un millón de personas desplazadas. Incluso las Naciones Unidas han pagado el precio de este deterioro, con la muerte de siete cascos azules desde el inicio de la escalada.
Ante esta situación, el Secretario General defiende una solución diplomática basada en la soberanía del Líbano. También pide preservar una presencia de la ONU tras la salida prevista de la Fuerza Interina de las Naciones Unidas en el Líbano (FINUL). Pero su mensaje se resume en una frase lapidaria: “No más ataques. No más excusas”.
La cuestión palestina en el centro de la ecuación

A los ojos del Secretario General, ninguna estabilización duradera de Oriente Medio será posible sin una solución al conflicto israelo-palestino. “Debemos abordar la crisis que está en el origen de la inestabilidad general en la región”, afirma, antes de presentar la solución de dos Estados, uno israelí y otro palestino, como “la única vía creíble para avanzar”.
El diagnóstico que presenta es sombrío. Ocho meses después del anuncio de un alto el fuego en Gaza, el enclave sigue sumido en una profunda crisis humanitaria. Las operaciones de socorro siguen siendo obstaculizadas, las necesidades esenciales no están cubiertas y el gobierno israelí ha anunciado su intención de controlar el 70% del territorio.
Guterres exige el levantamiento de las restricciones israelíes a la ayuda humanitaria y recuerda un principio que se ha vuelto recurrente en las posturas de la ONU: “La ayuda humanitaria nunca debe servir como moneda de cambio”.
Su preocupación también se extiende a Cisjordania, donde denuncia la multiplicación de la violencia de los colonos israelíes, la expansión continua de los asentamientos y el riesgo de una anexión de hecho que haría inviable la creación de un Estado palestino.
“Estas injusticias deben cesar”, sentencia.
El Golfo, epicentro de un riesgo mundial
Aunque Gaza sigue siendo el centro de las preocupaciones diplomáticas, Guterres dedica una parte importante de su intervención a la guerra que enfrenta a Irán y Estados Unidos desde finales de febrero, así como a sus repercusiones regionales. La reanudación de los ataques entre ambos países en los últimos días hace cada vez más frágil el alto el fuego oficialmente en vigor. “No debemos minimizar el riesgo de que los combates de menor intensidad degeneren en un conflicto generalizado”, advierte.
Sin embargo, su argumentación va más allá del mero marco militar. Las tensiones en el estrecho de Ormuz, por donde transita una parte importante del petróleo mundial, y las restricciones a la navegación son descritas como un acelerador de las crisis económicas mundiales.
“Los precios de la energía se disparan y las cadenas de suministro se ven perturbadas. Los fertilizantes son más caros y el hambre se extiende. La inflación se dispara y la deuda se acumula”, dijo.
Para evitar una nueva espiral, Guterres aboga por un alto el fuego completo, la reanudación de las negociaciones sobre el programa nuclear iraní y la elaboración de una nueva arquitectura de seguridad regional basada en la soberanía de los Estados y la cooperación multilateral.
Una paz aún frágil
Más allá de los conflictos más mediatizados, el Secretario General recuerda que varios países de la región siguen inmersos en transiciones inciertas. En Siria, después de más de una década de guerra, la paz sigue siendo frágil y depende, según él, de la inclusión política, la justicia transicional y la reconstrucción. En Yemen, destaca la reciente liberación de 1600 detenidos como prueba de que la mediación puede seguir dando resultados concretos, aunque subraya que las tensiones siguen siendo muy elevadas.
Toda su intervención converge en una misma conclusión: la región no sufre solo un exceso de violencia, sino un déficit de soluciones políticas.
“El diálogo es nuestra mejor y única esperanza de paz”, afirma. Y antes de dirigirse al Consejo de Seguridad, lanza un llamamiento que suena tanto a constatación de urgencia como a advertencia: “No hay alternativa. Y no hay tiempo que perder”.
Petro culpa a la lucha por los hidrocarburos
Por su parte, el presidente colombiano Gustavo Petro indicó que “es la lucha por hidrocarburos lo que hace llevar los misiles sobre los pueblos, sobre bebés”.
Una lucha por el petróleo que relacionó, entre otros asuntos, con las necesidades de las superpotencias por controlar la inteligencia artificial.
Por ello, dijo que “la inteligencia artificial no puede ser manejada por cinco intereses de individuos privados. Tiene que ser regulada globalmente de forma pública. Lo ha pedido parte de la corriente de ideas a la que pertenezco y lo pide la Igleasia a través del Papa León XIV”. (ONU NOTICIAS)




