domingo, mayo 24, 2026
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México puede perder el nearshoring… por falta de energía

Durante años, México vendió al mundo una narrativa poderosa: cercanía con Estados Unidos, mano de obra competitiva, tratados comerciales estratégicos y una plataforma manufacturera capaz de integrarse a las cadenas globales de suministro. El fenómeno del nearshoring parecía confirmar que el país finalmente había encontrado la oportunidad histórica que durante décadas buscó para consolidarse como una potencia industrial avanzada. Sin embargo, detrás de los discursos optimistas, de las conferencias empresariales y de los anuncios multimillonarios de inversión, existe un problema que pocos quieren discutir con seriedad: México comienza a quedarse sin capacidad energética suficiente para sostener su propio crecimiento industrial.

La realidad es contundente. De acuerdo con datos del Centro Nacional de Control de Energía (CENACE), diversas regiones industriales del país presentan niveles crecientes de saturación en transmisión eléctrica y restricciones operativas para nuevos proyectos. Estados como Nuevo León, Chihuahua, Baja California y algunas zonas del Bajío enfrentan ya limitaciones críticas para conectar nuevas cargas industriales de gran escala. En términos simples: hay empresas interesadas en invertir, pero no siempre existe infraestructura eléctrica suficiente para abastecerlas. El problema no es menor. México consumió en 2025 más de 360 terawatts-hora de electricidad, con un crecimiento impulsado principalmente por manufactura avanzada, centros de datos, electromovilidad y expansión industrial asociada al nearshoring. Según estimaciones de la Agencia Internacional de Energía, la demanda eléctrica nacional podría aumentar entre 35% y 45% hacia 2035 si continúan las tendencias actuales de relocalización industrial.

Pero mientras la demanda crece aceleradamente, la infraestructura avanza a un ritmo mucho más lento. El caso del norte de México resulta especialmente paradójico. Estados como Coahuila, Nuevo León y Chihuahua se han convertido en protagonistas del nearshoring gracias a su cercanía con Estados Unidos, su capacidad logística y su experiencia manufacturera. Sin embargo, también son regiones donde la presión sobre la red eléctrica comienza a mostrar señales preocupantes.

Hoy, muchas empresas ya no preguntan únicamente por incentivos fiscales o disponibilidad de mano de obra. Preguntan algo mucho más básico y más peligroso para el futuro del país: “¿Tienen energía suficiente para operar?” La respuesta, en muchos casos, empieza a ser incierta.

La ironía es brutal. México posee algunas de las mejores condiciones del mundo para desarrollar energías renovables. El norte del país cuenta con niveles excepcionales de radiación solar; el Istmo tiene potencial eólico de clase mundial; y estados industriales podrían integrar almacenamiento energético y generación distribuida para fortalecer su competitividad. Sin embargo, la discusión energética nacional sigue atrapada entre disputas ideológicas, incertidumbre regulatoria y una planeación insuficiente de largo plazo. Mientras tanto, otros países avanzan.

Estados Unidos está invirtiendo cientos de miles de millones de dólares mediante el Inflation Reduction Act para atraer manufactura limpia, baterías, hidrógeno y semiconductores. Vietnam acelera infraestructura industrial. India se posiciona como potencia tecnológica. Incluso países de América Latina comienzan a competir agresivamente por inversiones que antes parecían destinadas automáticamente a México. La competencia global dejó de basarse exclusivamente en costos laborales. Ahora se mide en infraestructura energética, estabilidad regulatoria, digitalización y capacidad tecnológica. Y ahí es donde México corre el riesgo de quedarse rezagado.

La nueva economía mundial gira alrededor de la electricidad. Los centros de datos para inteligencia artificial consumen cantidades gigantescas de energía. La electromovilidad requiere redes robustas. La manufactura avanzada demanda suministro estable y de calidad. Incluso la seguridad nacional de las grandes potencias comienza a depender de su capacidad para garantizar energía suficiente para sostener sus industrias estratégicas. El nearshoring no será ganado por el país con salarios más bajos. Será ganado por el país capaz de garantizar energía confiable, limpia y competitiva durante los próximos veinte años. Y esa es precisamente la conversación que México aún no termina de asumir con la seriedad necesaria.

Hoy por hoy, la oportunidad sigue ahí. México todavía posee ventajas geográficas, industriales y comerciales extraordinarias. Pero las oportunidades históricas también tienen fecha de vencimiento. Porque mientras aquí seguimos discutiendo quién tiene la culpa del problema energético, otros países ya están construyendo las líneas de transmisión, los parques industriales inteligentes y los sistemas de almacenamiento que definirán la economía del futuro.

Y quizá la mayor controversia sea esta: el verdadero riesgo para México no es perder inversiones por culpa de China, Estados Unidos o la economía global. El verdadero riesgo es que terminemos desperdiciando la mayor oportunidad industrial de nuestra generación… simplemente porque no fuimos capaces de producir suficiente electricidad para encender las fábricas que tanto presumimos al mundo.

X: @pacotrevinoag