domingo, mayo 17, 2026
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ALIS APRENDIÓ A VOLAR DESDE UNA SILLA

En esta ocasión quiero compartir la historia de una mujer espectacular: Alicia Salguero Gómez, originaria de San Luis Potosi. Es joven, de cabello corto, complexión delgada y ojos grandes, vivarachos, llenos de una energía que contagia al instante. Conversar con ella te hace reflexionar sobre lo maravillosa que puede ser la vida, aun en medio de las circunstancias más adversas. Sus palabras, llenas de sabiduría, me hicieron comprender que todo cuanto nos rodea está en constante transformación; nada permanece inmóvil. También cambia la vida, en un instante sin decir “agua va” se transforma. Basta un segundo solamente para alterar radicalmente la estabilidad y modificar, de tajo, el rumbo de nuestra historia personal. Los cambios llegan en silencio, sin avisos, sin señales.

Alis como la llaman de cariño, llegó a este mundo dispuesta a conquistarlo. Esa intensidad por vivir la llevó a hacerlo con una pasión desmedida y con prisa. Decidió estudiar gastronomía en la ciudad de Puebla, pronto sintió que le quedaba pequeña. La recorrió de punta a punta, sus lugares favoritos eran los bares y las discotecas. Le gustaba bailar, conversar, reír, pasársela al máximo.

Una mañana de febrero de 2006 tomó su automóvil para realizar unos pendientes. Pasó por su amiga Sara para que la acompañara. Durante el trayecto sonó el celular, al intentar tomarlo, éste resbaló hacia el lado del copiloto. Alis se agachó para recogerlo y, en ese instante perdió el control del vehículo. El auto comenzó a dar vueltas hasta quedar completamente destruido. Sara salió ilesa, pero Alis no corrió con la misma suerte. No podía mover las piernas. Fue llevada al hospital y el diagnóstico fue devastador: parapléjica. Las vértebras cervicales seis y siete se habían fracturado.

Gracias al apoyo incondicional de su familia, así como innumerables terapias, consultas médicas, visitas a santeros y plegarias a los santos lograron aminorar los daños físicos. Tiempo después los médicos encontraron que un tornillo mal colocado en una de las operaciones había causado grandes daños en su frágil cuerpo. En este largo recorrido entre hospitales y especialistas, enfrentó otras enfermedades como hidrocefalia, meningitis, septicemia, desnutrición. Desde entonces, la silla de ruedas se convirtió en su compañera inseparable.

A pesar del tortuoso camino, Alis no se raja ante nada, no hace drama, ni se victimiza. Las conferencias que imparte son sobre el tema de la prevención de accidentes y otras donde comparte su historia y sus experiencias, las cuales tienen una gran carga de optimismo. Sin duda, toca corazones. Lee para crecer y está en la constante búsqueda de herramientas y nuevos aprendizajes que hagan menos doloroso su destino.

Aprendió a bañarse sola, a vestirse, cocinar, a ser económicamente independiente. Realiza labor social, viaja, en fin, esta activa a pesar de las circunstancias. En este proceso ha contado con el apoyo incondicional de su familia, maestros, colegas, amigos, doctores, enfermeras, psicólogas, personas que se han cruzado en su vida.  Además, descubrió la natación. Para ella esta actividad “es un desahogo, una fuga, una manera de regresar a mí cuando el mundo me queda grande”. Se animó a competir tanto en alberca como en aguas abiertas. En el agua encuentra libertad, se siente ligera, purificada, lejos de las limitaciones de su discapacidad. También escribió un libro titulado “Lo que quiero es vivir”, donde relata sus experiencias antes y después del accidente que marcó su vida para siempre.

Alis es una mujer valiente. Superó no sólo el accidente, sino también la muerte de su padre, quien en todo momento no dejó de repetirle de distintas maneras, que no se rindiera. Ella es un verdadero ejemplo de vida. Aprendió a aceptar la realidad sin perder el sentido del humor y buscando soluciones. Como ella misma dice: “Vivir con plenitud y disfrutar los pequeños detalles. Abrazo la vida con amor, dignidad y gratitud”. Alis aprendió a volar desde su silla.