domingo, mayo 3, 2026
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UNA TAZA Y DOS DE CULTURA

La Academia Interamericana de Derechos Humanos de la Universidad Autónoma de Coahuila publicó recientemente “Cine y personas en situación de vulnerabilidad: entre ficción y realidad”, una obra que confirma algo que a veces olvidamos: el arte y la academia no están peleados; al contrario, se potencian. Cuando el trabajo es multidisciplinario y bien ejecutado, el resultado son productos tan sólidos como el que hoy nos convoca.

El cine, como expresión artística, busca comunicar y llevar un mensaje más allá de una simple historia acompañada de palomitas. La gran pantalla no es solo entretenimiento: influye en la cultura, cuestiona narrativas y puede incidir en la transformación de la realidad social. En ese sentido, también es una poderosa herramienta educativa.

Uno de los grandes aciertos del libro es su estructura. Cada capítulo retoma una sesión del diplomado y presenta un análisis crítico de una obra audiovisual en diálogo con su contexto social, político y jurídico en materia de derechos humanos. Confieso que, como dirían hoy los más jóvenes, me dio FOMO no haber estado en esas sesiones que, sin duda, debieron ser profundamente enriquecedoras.

El libro plantea una doble tarea: leerlo… y mirar el cine desde otra perspectiva. Ojalá todas las tareas fueran así. No se trata únicamente de un texto académico, sino de una invitación al diálogo, a la reflexión y a la construcción colectiva de sentido. Y eso, sin duda, engancha.

Como si fuera crítico de cine de revista noventera, me permito calificar esta obra con 4.5 palomitas, siendo cinco la puntuación máxima. Y aquí el porqué:

La primera palomita es por la iniciativa de salir de la caja. Este libro demuestra que la academia puede mantener el rigor —forma y fondo— sin renunciar a la innovación y la creatividad. Además, abre espacio a nuevas voces, a plumas frescas interesadas en los derechos humanos.

La segunda palomita es por la selección de películas. Hay diversidad de géneros, épocas y estilos. No es lo mismo un lente chileno que uno norteamericano, y esa variedad enriquece el análisis y amplía la mirada del lector.

La tercera palomita es por el cuidado editorial. Aunque el volumen puede intimidar al inicio, la lectura es amigable tanto para fines académicos como para el disfrute personal. Incluye glosario, introducciones claras y presentación de autores. Sí, hay tecnicismos —inevitables en el tema—, pero están bien aterrizados, lo que permite aprender en cada capítulo sin sentirse ajeno.

La cuarta palomita es para las y los autores. Cumplen con uno de los grandes deberes de la academia: compartir el conocimiento. Aquí no solo lo hacen, sino que lo traducen en análisis profundos y críticos, convirtiendo el libro en una herramienta pedagógica y de sensibilización. El lector no solo entiende los derechos vulnerados, también se acerca a las luchas colectivas que siguen vigentes.

¿Y la media palomita faltante? Se la reservo, con toda intención, a una segunda edición. Porque si algo queda claro, es que este proyecto tiene todo para convertirse en saga.

Que así sea. Que la academia y el arte sigan encontrándose. Y que nosotros sigamos teniendo libros que, además de leerse, se piensan