
El consumo parental de alcohol está vinculado con mayores probabilidades de abuso infantil.
Ciudad de México.- En el mundo, millones de niñas y niños crecen en hogares donde el consumo de alcohol genera negligencia, violencia, problemas de salud mental y bajo rendimiento escolar. En estos contextos, el hogar, que debería ser un espacio seguro y de desarrollo, puede convertirse en el lugar más riesgoso para esta población, según el informe A week off: Children of Households with Alcohol Problems.
Es por ello que, en el marco del Día de la Niñez, especialistas en salud pública y la Red de Acción Sobre Alcohol (RASA) advierten que el consumo de alcohol —particularmente cuando ocurre en el entorno familiar— representa una de las amenazas más invisibles para el bienestar y desarrollo de niñas, niños y adolescentes en México.
El alcohol no solo afecta a quienes lo consumen si no que impacta de forma directa y profunda a quienes los rodean, especialmente a las infancias. Este impacto puede comenzar incluso antes del nacimiento. Se ha documentado que 8 de cada 10 embarazos expuestos al alcohol durante el embarazo desarrollan alguna condición ya sea el trastorno del espectro alcohólico fetal (TEAF), los cuales incluyen el déficit de atención e hiperactividad (TDAH) o problemas de aprendizaje y discapacidad intelectual.
Además, el consumo parental de alcohol está vinculado con mayores probabilidades de abuso infantil. Se ha visto que los trastornos por uso de alcohol en los padres o cuidadores aumentan 2.32 veces el riesgo de maltrato de menores y 1.92 veces el riesgo de recurrencia, en comparación con padres o cuidadores que no están afectados por esta problemática.
Alonso Robledo, vocero de la Red de Acción sobre Alcohol señaló que “La exposición temprana, la normalización del consumo en entornos familiares y la falta de regulación efectiva están poniendo en riesgo el desarrollo, la salud y el bienestar de niñas, niños y adolescentes en México. No podemos seguir tolerando entornos donde el alcohol está presente como parte cotidiana de la convivencia infantil. Proteger a la niñez implica tomar decisiones claras: reducir la disponibilidad, limitar la promoción y hacer él alcohol menos barato, es poner el interés superior de la niñez por encima de cualquier interés comercial”.
Un entorno rodeado del consumo de alcohol, se traduce en efectos emocionales profundos y deterioro en las relaciones familiares; en los padres, en problemas de salud mental, abuso de sustancias y violencia, lo que agrava aún más el desarrollo infantil. Estos daños se ven reforzados por la alta disponibilidad de alcohol (gran cantidad de centros de venta y de consumo), su muy bajo costo y la exposición a la publicidad, todo lo cual incrementa el riesgo de inicio temprano y de daños a lo largo de la vida.
En México, esta problemática adquiere una dimensión crítica en los adolescentes. De acuerdo con la Dra. Raquel Mondragón Gómez, catedrática de la Facultad de Psicología de la UNAM, aproximadamente el 10.6% de los estudiantes de secundaria y bachillerato (alrededor un millón103 mil 991 estudiantes) considera que su padre presenta problemas de consumo de alcohol; el 1.3% (139 mil 653 estudiantes) lo identifica en su madre, y el 1.7% (179 mil 293 estudiantes) en ambos progenitores. Asimismo, señaló que los estudiantes con antecedentes de consumo problemático en el padre presentan hasta un 38% más riesgo de beber en forma excesiva. Este riesgo aumenta a más del doble (OR = 2.62) cuando la es la madre quién lo hace, o más del triple (OR = 3.19) cuando ambos padres presentan la misma situación.
Por ejemplo, en Estados Unidos se ha observado que el aumento en impuestos al alcohol se asoció a una reducción del 12-16% de la violencia a niños. La OMS y la OCDE respalda estas intervenciones como las más costo-efectivas para disminuir los daños asociados al alcohol. En México, sin embargo, estas políticas enfrentan resistencias y avances limitados. Organizaciones “fachada” de la industria alcoholera como FISAC o la Alianza Mexicana por el Consumo Moderado han tomado como bandera el consumo de alcohol en los menores, mientras al mismo tiempo, descargan la responsabilidad de estos problemas en las decisiones individuales y proponen estrategias educativas como única solución, ignorando y frenando la implementación de las medidas costo-efectivas recomendadas.
Al respecto, Angélica María Claro, Gerente de Incidencia en Movendi Internacional destacó: “Cada niña y niño tiene derecho a crecer libre de la explotación comercial de la industria del alcohol. En México, la niñez está expuesta a un entorno donde el alcohol es barato, omnipresente y se promueve sin límites. Los gobiernos tienen la obligación de proteger ese derecho con políticas efectivas y no dejar que las familias enfrenten solas una industria que invierte miles de millones en capturar consumidores desde la infancia”.
Garantizar una infancia libre de los daños del alcohol es una responsabilidad colectiva. Proteger a niñas y niños implica reconocer que el consumo de alcohol no es un asunto individual o de educación, sino un problema de salud pública y de derechos humanos que requiere la intervención del gobierno con acciones efectivas. Porque crecer en un entorno seguro, libre de violencia y con oportunidades reales de desarrollo no debería ser un privilegio, sino un derecho. (El Heraldo de Saltillo con información de Red de Acción Sobre el Alcohol)




