Cuidados en el hogar truncan a mujeres

Foto: Agencia Reforma

Ciudad de México.- Cual si fuese una tubería con múltiples filtraciones, la presencia de las mujeres en el sector de ciencia y tecnología se pierde “gota a gota” por diferentes aspectos socioculturales.

Situaciones como una mayor carga en las labores de cuidado y en la gestión del hogar, por ejemplo, ocasionan que varias de ellas no continúen con su formación profesional o que carezcan de las condiciones para seguir ascendiendo en el escalafón, apunta la economista María del Pilar Pastor Pérez, coautora del capítulo sobre México en el Libro blanco de las políticas de género en ciencia y academia.

“La mujer sí accede a la universidad, pero a partir de ahí hay una serie de momentos y de circunstancias que hacen que vaya perdiendo presencia, y que se observe al final en los tramos más altos de la carrera académica, científica, y sobre todo en los puestos de toma de decisiones, una menor representación de la mujer.

“A lo largo de la carrera científica y académica, pues hay un ‘goteo’ en el que van desapareciendo las mujeres, o vamos”, refrenda en entrevista remota la especialista española con alrededor de 20 años en el País, hoy profesora de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP).

El Libro blanco de las políticas de género en ciencia y academia, una iniciativa de la madrileña Red de Asociaciones de Investigadores y Científicos en el Exterior (Raicex) para analizar la brecha de género en 14 países, evidencia en su capítulo 12 los claroscuros del caso mexicano, donde a pesar del aumento en políticas públicas en la materia y de una mayor presencia de mujeres en la ciencia y tecnología, aún persisten desigualdades y subrepresentación.

Algo que estaría contribuyendo a esto, entre otras cosas, es la disparidad respecto a los permisos de maternidad y paternidad en la Ley Federal del Trabajo.

Mientras que la licencia para ellas puede durar seis semanas -pero si se requiere extenderla hasta por 60 días la trabajadora recibirá la mitad de su salario, y si es hasta por un año, no recibirá salario-, a los hombres se les otorgan apenas cinco días laborales con goce de sueldo.

“Esta parte de la crianza compartida tiene una gran influencia sobre cuánta responsabilidad puede adquirir una mujer en su trabajo, en este caso específico, en la ciencia”, señala el medioambientalista Miguel Eduardo Jácome Flores, coautor del capítulo mexicano junto con Pastor Pérez.

“Entonces, ahí tú le vas acumulando, y por las goteras te queda una gotita, que son esas pocas mujeres que están en los altos cargos”, agrega el académico mexicano adscrito al Centro de Cambio Global y la Sustentabilidad, en Villahermosa, Tabasco.

En su análisis, Jácome Flores y Pastor Pérez identifican en el Sistema Nacional de Investigadores e Investigadoras (SNII) un incremento, entre 2015 y 2021, de científicas en las Ciencias Agrarias y Biotecnología, y en las Ciencias Sociales, pero una baja en las Ciencias Exactas y Naturales.

“No obstante, cabe señalar que el total de investigadoras en esta última categoría ha crecido de 445 a 3 mil 497 en seis años y se posiciona como el área con más mujeres”, se lee en el capítulo cuyo análisis no va más allá de 2022.

Apenas el 11 de febrero pasado, el Secretario de Educación Pública, Mario Delgado, reconoció esta brecha en un conversatorio con motivo del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, pues en 2023, mencionó, sólo el 12 por ciento de los empleos del área STEM (siglas en inglés para Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) fueron ocupados por ellas.

Asimismo, tan solamente el 27 por ciento de los puestos directivos en empresas de tecnología en el País están encabezados por mujeres, añadió el funcionario.

“Tenemos que destinar recursos públicos para promover, impulsar y retener a niñas y mujeres en los sectores de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Eso va a ser fundamental para cerrar las brechas de género e incluirlas en el desarrollo tecnológico y económico del País”, expresó Delgado.

Y si bien Jácome Flores y Pastor Pérez destacan en el Libro blanco… algunas de las medidas implementadas a nivel normativo para promover y proteger la participación igualitaria en la ciencia y la academia, en la práctica varios de los instrumentos enfrentan diferentes desafíos.

Un ejemplo sería el Apoyo a Madres Mexicanas Jefas de Familia para Fortalecer su Desarrollo Profesional, cuyas beneficiarias padecieron retrasos de hasta siete meses en la entrega de recursos durante la Administración de María Elena Álvarez-Buylla al frente del extinto Conahcyt -hoy Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti)-, un periodo en que también se pretendía incluir el embarazo como causal de suspensión en el Reglamento de Becas.

No obstante, la percepción de los investigadores ante las políticas públicas en general no es tan desfavorable.

“Realmente, el diseño institucional en México es bueno, y del 2000 para acá es claramente observador de promover la igualdad y la equidad; pero la clave está en las cuestiones sociales, y el cambio ahí siempre es muy lento”, opina Pastor Pérez, sugiriendo erradicar estereotipos y roles de género desde los primeros años de escuela.

“En México tenemos políticas geniales, espectaculares, muy bien hechas. Y han funcionado, a pesar de la gran brecha que todavía existe. Pero falta saber por qué no estamos acortando la brecha, qué está pasando; tenemos una historia sociocultural, una idiosincrasia que nos está frenando”, observa, por su parte, Jácome Flores.

El Libro blanco de las políticas de género en ciencia y academia, que analiza el panorama de nueve países europeos, dos de América, dos de Asia y uno de Oceanía, se puede descargar desde el sitio en línea de la Fundación Ramón Areces, dedicada a promover la investigación científica y técnica, la educación y la cultura en España: www.fundacionareces.es.

¿Qué esperar con Sheinbaum?

A nivel de representación, quizás pocas cosas puedan resultar tan significativas como que una mujer con formación científica alcance la Presidencia de un País, como es ahora el caso en México con Claudia Sheinbaum.

“Es una cuestión muy simbólica tener a la máxima figura de poder, por lo menos en el imaginario colectivo, que sea una mujer, que sea científica y que esté en estas ramas de la ingeniería y el STEM”, recalca Jácome Flores.

“Eso es muy, muy significativo para cualquier niña que vea, y diga: ‘Oye, sí se puede. No sólo puedo llegar a ser una científica, sino científica Presidenta’”, prosigue.

Lo cierto, no obstante, es que eso por sí mismo no es algo que se traduzca instantáneamente en mejores condiciones para superar las desigualdades y la menor representación de las mujeres en la ciencia y la tecnología.

“No va a haber un solo hecho que detone un cambio radical, pero abona positivamente en cuanto al simbolismo de que sea una mujer que proceda del sector científico. Es importante”, coincide Pastor Pérez.

“En cuanto a la política, pues habrá que esperar; supondríamos o desearíamos que sí (haya un cambio); ella debe tener una sensibilidad mayor”, continúa la economista de la UASLP.

“No deberíamos esperar un retroceso en el diseño institucional y en las políticas públicas en favor de la incorporación de la mujer a todos los sectores de la sociedad y, por supuesto, al científico”. (AGENCIA REFORMA)