domingo, octubre 18, 2026
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CÁPSULAS SARAPERAS

Era muy pequeña para casarse

En esta ocasión te platico una historia de amor, de prohibición, de edades, que sucedió aquí en nuestra hermosa ciudad de Saltillo.

Era el año de 1912 mes de febrero, casi un mes antes de que el Titanic se hundiera en el Océano Atlántico, aquí en nuestra ciudad el chisme, chismorreo, el alboroto, la comidilla de los saltillenses era el amorío que tenían por un lado la Srita. Socorro Cadena y el señor Marcelino Garza Saucedo; aunque el noviazgo no era a escondidas, todos hablaban de la diferencia de edades de los novios.

A principios de aquel lejano año, Marcelino le propuso casamiento a Socorro, quien para esas fechas aún era menor de edad, la novia se emocionó mucho pues a pesar de tener infinidad de pretendientes había, al parecer, encontrado el verdadero amor con Marcelino, sin embargo, el Sr. Cadena, padre de la novia se negó rotundamente a ese matrimonio, tan así que ya había sucedido en varias ocasiones de que el suegro corriera a palazos con pala en mano al yerno, quien por cierto era mucho mayor de edad que su hija.

La novia declaró, tal vez por enojo, tal vez por molestia, que su señor padre era “neuróticamente celoso”, que, de hecho, ya la había gritado de groserías a su hija y hasta la había golpeado.

Por su parte el papá, quien cuando fue entrevistado traía lentes oscuros y cigarro en boca, aseguró que su hija era aún pequeña e irresponsable, y a pesar de ser muy sociable y hasta cariñosa, aún no tenía la edad adecuada para casarse.

Socorro, la novia de Marcelino, la hija del papá celoso, el día 20 de febrero de ese año escribió y le envió una carta al gobernador de Coahuila, quien era precisamente el Varón de Cuatro Ciénegas, don Venustiano Carranza, para solicitarle la despensa de edad para poderse casar con el amor de su vida. Ya me imagino a Carranza leyendo la carta de la saltillense, mientras organizaba un ejército y una revolución.

Tal vez el gobernador Carranza al no saber qué hacer ante esta situación y prefiriendo dedicar sus esfuerzos a organizar fuerzas militares auxiliares e irregulares en Coahuila, decidió pasarle este asunto al presidente municipal de nuestra hermosa ciudad de Saltillo, que era Severiano Rodríguez, quien, a su vez, para buscar darle solución a este problema de edades, celos y amores; citó al padre de la novia, quien tendría que exponer los motivos por los cuales se oponía al matrimonio de su hija.

Ya me imagino a la pareja haciendo alguna fila en el mercado, se acerca un señor para meterse a la fila, Marcelino de manera educada y hasta en broma le cede su lugar, a lo que el señor que se metió voltea con Socorro y le pregunta a Marcelino, “¿es su hija?”, a lo que Marcelino riéndose le debió de haber dicho: “no, es mi novia”.

Estimada y estimado saltillense por más que investigué no he encontré ni la respuesta que el papá celoso le dio al Ayuntamiento de Saltillo, ni el permiso o la negación de éste por parte del gobernador Carranza a la joven, casi niña, Socorro Cadena para que se casará con el Sr. Marcelino. Incluso Catalina Labastida del Registro Civil me ayudó y no se encontró acta de matrimonio alguna de la pareja. Al final tal vez el papá celoso tenía razón o bien se desanimaron en casarse, pero lo que sí sé es que esta es una historia que sucedió aquí en nuestra hermosa cuidad de Saltillo.