domingo, octubre 18, 2026
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El capitalismo de cuates a lo 4T

Prometieron acabar con los privilegios, separar el poder político del económico y desterrar el capitalismo de cuates. Pero las investigaciones periodísticas sobre los negocios de Amílcar Olán, empresario cercano a los hijos de Andrés Manuel López Obrador, plantean una pregunta incómoda: ¿desaparecieron realmente los privilegios o simplemente cambiaron de beneficiarios?

El caso resulta particularmente revelador por la diversidad de operaciones documentadas o denunciadas. Medicamentos, hidrocarburos, construcción, negocios inmobiliarios y hasta apuestas por internet aparecen vinculados a una red empresarial relacionada con Olán. La cercanía con personajes políticamente influyentes no demuestra por sí misma corrupción. Sin embargo, cuando coincide con contratos millonarios, permisos gubernamentales y posibles conflictos de interés, resulta indispensable exigir explicaciones.

Las cifras ameritan una investigación exhaustiva. En grabaciones difundidas por Latinus, Olán presume haber realizado ventas por 22 mil millones de pesos para la refinería de Dos Bocas y menciona su relación con Leonardo Cornejo, responsable de aquella construcción y colaborador cercano de Rocío Nahle. Las grabaciones constituyen señalamientos importantes, aunque el monto todavía requiere corroboración documental independiente.

Por otra parte, Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad documentó que Manuel Marcué, funcionario cercano a Adán Augusto López, autorizó un permiso de apuestas por internet a una empresa relacionada con el contador y el abuelo de Olán, apenas un día antes de abandonar su cargo. El mismo funcionario había participado anteriormente en la administración estatal que otorgó contratos superiores a 214 millones de pesos a Romedic, empresa del empresario tabasqueño.

También existen cuestionamientos en el sector energético. Portacelis Gas and Oil, compañía vinculada con esa red, obtuvo autorización para importar combustibles y posteriormente fue señalada por presuntas irregularidades fiscales. El SAT solicitó investigar un posible perjuicio al erario de 834 millones de pesos.

Y mientras los hospitales enfrentan desabasto, una investigación de EL CEO documentó que empresas de una red relacionada anteriormente con Olán recibieron durante 2026 contratos superiores a 300 millones de pesos para suministrar medicamentos y equipos médicos.

El problema no es que existan empresarios exitosos ni que hagan negocios legítimos con el gobierno. El problema aparece cuando las relaciones personales pueden sustituir la competencia, la transparencia y la igualdad de oportunidades. Entonces, las empresas dejan de competir únicamente por ofrecer mejores productos y precios, y surge la sospecha de que resulta más rentable conocer a las personas correctas.

Durante años, Morena construyó buena parte de su discurso político denunciando justamente esas prácticas. Por eso, sus gobiernos tienen una responsabilidad especial de investigar los señalamientos, transparentar las adjudicaciones y demostrar que ninguna relación familiar o política proporciona ventajas indebidas.

México necesita empresarios que prosperen gracias a su capacidad, innovación y trabajo, no por su proximidad al poder. Porque acabar con el capitalismo de cuates no consiste en cambiar de cuates. Consiste en terminar con los privilegios, sin importar quién gobierne ni quiénes sean sus amigos.

Han repetido hasta la saciedad el cuento de que no son iguales. Y cada día que pasa su tesis se confirma: ¡Claro que no! ¡De ninguna manera son iguales! ¡Son, por mucho, bastante peores que lo más malo que había vivido este país!