
Seguro que les debemos más
A veces llegamos al consultorio con el diagnóstico de Google y la recomendación de nuestra mamá. La mía es de esas: uno apenas le dice qué le duele y ella ya tiene una opinión. Ya nomás falta sentar al doctor y decirle: “A ver, yo le explico”.
Luego nos hace dos preguntas y ahí nos damos cuenta de que eso de estudiar medicina sí tenía su razón de ser.
Este octubre, trabajadores del IMSS se han manifestado en distintas partes del país. Ha habido protestas en Coahuila, Nuevo León, Chihuahua, Puebla y Veracruz, entre otros estados. Sus reclamos incluyen mejores condiciones laborales, más personal y abasto de medicamentos e insumos. A mí me gustaría dedicar este espacio a quienes están detrás de esas noticias. A los que conocemos como “los del Seguro”.
Lo decimos como si fueran todos la misma persona. Pero ahí trabajan médicos, enfermeras, especialistas, técnicos y mucha gente más, cada uno con una responsabilidad que importa cuando alguien necesita atención.
En la pandemia lo vimos con toda claridad. Mientras muchos pudimos resguardarnos, ellos tuvieron que atender a los enfermos, aprender sobre la marcha y trabajar con el miedo de contagiarse o llevar el virus a casa. El gremio de la salud nos ayudó a salir adelante en uno de los momentos más difíciles que hemos vivido. Esa gratitud tendría que acompañarnos también ahora.
Uno llega enfermo, preocupado y, a veces, de pésimo humor. El dolor no nos vuelve especialmente simpáticos. Encima, llevamos a un familiar que pregunta todo, otro que entendió la mitad y alguno que ya está consultando el grupo de WhatsApp. ¿Y quién recibe las malas caras? El personal que está ahí para atendernos. Les toca aguantar nuestro mal día mientras hacen su trabajo, aunque tal vez el suyo tampoco este fácil.
Hay años de estudio detrás de cada explicación que escuchamos en cinco minutos. El especialista sigue preparándose para tomar decisiones que nosotros apenas alcanzamos a entender. Y debe explicarlas a una familia que trae miedo, porque para esa familia el enfermo es su papá, su esposa o su hijo.
Con las enfermeras tengo, además, una admiración muy personal. Me tocó convivir con ellas en una etapa de mi vida profesional y desde entonces les guardo un respeto enorme. Conocer su trabajo de cerca me hizo entender cuánto depende de ellas el cuidado de un paciente.
Para mí son heroínas sin capa. Quien ha acompañado a un enfermo sabe cuánto se agradece que alguien explique con calma lo que va a hacer, lo llame por su nombre y lo ayude cuando necesita de otros hasta para moverse. La enfermería merece un reconocimiento enorme en este país.
Y alrededor hay un equipo entero. Un estudio de laboratorio, el traslado de una camilla o la limpieza de una habitación forman parte del cuidado. A veces ni siquiera sabemos cómo se llama quien nos ayudó. Nos aprendimos el nombre del futbolista que metió gol el domingo, pero el de esa persona se nos pasó.
En el plantón del 9 de octubre en Saltillo, trabajadores explicaron que se organizarían con sus descansos y turnos para mantener la atención médica. Estaban expresando sus necesidades e intentando seguir atendiendo las de sus pacientes.
Ellos también tienen hijos, familiares que cuidar, pagos pendientes y planes fuera del hospital. Terminan su turno y siguen con sus propias responsabilidades, como cualquier ciudadano. Que amen su profesión no les quita el cansancio ni les paga las cuentas. Sus condiciones de trabajo merecen atención.
Y cuando piden medicamentos, material y más personal, están pidiendo con qué atendernos. Los insumos se necesitan para tratar al paciente; las manos adicionales, para cubrir los turnos y dar el servicio para el que fueron contratados. Esas solicitudes también nos impactan a quienes algún día vamos a necesitar esa atención.
Para dimensionar su trabajo, el IMSS reportó 104 millones de consultas de medicina familiar y un millón 780 mil cirugías en 2025. Estas últimas equivalen a casi 4,900 por día, en promedio. Quien ha esperado afuera de un quirófano sabe cuánto significa una sola operación para una familia. Ahora pensemos en el esfuerzo de todos los equipos que hicieron posibles esas intervenciones.
A médicos, enfermeras y a todos los que sostienen esa atención: mi respeto y mi admiración. Gracias, gente del Seguro. Quien alguna vez recibió de ustedes una segunda oportunidad sabe que ese agradecimiento le puede durar toda la vida.




