jueves, septiembre 24, 2026
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¿DE QUÉ TRIBU ERES?

 

Esta semana, en una clase de Relaciones Internacionales, terminamos hablando de Estados Unidos. Y entre Trump, Biden, armas, religión, movilidad social, republicanos, demócratas y varias gráficas que probablemente necesitaban otro café para digerirse, apareció una idea para mí, nueva: Política tribal.

Suena a concepto sumamente académico. Pero en realidad todos sabemos perfectamente qué significa. Los míos contra los tuyos. Mi equipo contra el tuyo. Y si tú piensas diferente, seguramente eres parte del problema.

Estados Unidos es un ejemplo perfecto porque durante años se vendió como una sociedad unida alrededor de una misma idea de país. Una especie de religión civil: libertad, democracia, oportunidades, Constitución, bandera y sueño americano. La polémica sale cuando puedes compartir bandera y aun así vivir en mundos completamente distintos.

Hoy sus dos grandes coaliciones políticas están prácticamente partidas por la mitad. Pew encontró en 2024 que 49% de los votantes registrados se identificaban o inclinaban hacia los demócratas y 48% hacia los republicanos. Pero lo interesante no es solamente el numerito. Las diferencias partidistas también atraviesan religión, educación, raza, geografía y otras características sociales.

Entonces entendí algo. Trump no inventó al trumpista. Ni Obama inventó al progresista estadounidense. Ayudaron a movilizarlos, representarlos y darles un micrófono. Pero muchas de esas diferencias ya estaban sentadas a la mesa desde mucho antes.

Y ahí se pone más interesante. Porque en otra parte de la clase hablamos de movilidad social. El famoso sueño americano decía más o menos esto: trabaja duro y probablemente vivirás mejor que tus papás. Para los estadounidenses nacidos alrededor de 1940 eso fue cierto para aproximadamente 9 de cada 10. Para los nacidos en los ochenta, cayó alrededor de la mitad.

Y no hace falta ser politólogo para imaginar lo que pasa cuando una sociedad siente que el pastel ya no alcanza para todos.

Empieza la pregunta del millón: ¿Quién se está llevando mi pedazo? El rico. El pobre. El migrante. Washington. Wall Street. Los republicanos. Los demócratas. El que sea. Pero alguien tiene que tener la culpa.

Y mientras veía todo esto en mi clase de Relaciones Internacionales, mi cabeza (que tiene la mala costumbre de convertir casi todo en empresa) se fue directo a la oficina. Porque nosotros también tenemos tribus. Ventas dice que administración nomas se la vive cotorreando. Administración dice que ventas promete puras mentiras que nadie puede cumplir. Corporativo piensa que operación no entiende en lo más mínimo la estrategia. Operación piensa que corporativo debería bajarse tantito del PowerPoint y vivir el piso.

Los viejos dicen: “aquí siempre se ha hecho así”. Los chavos nuevos llegan preguntando por qué a todo. Y luego aparece el director general en la junta anual diciendo que “somos una sola familia”. Claro. Una familia que lleva seis meses peleándose por el presupuesto.

Y honestamente creo que uno de los errores del liderazgo es creer que la cultura empieza con el líder. No. Cuando llegas, ya hay historia. Hay gente que se siente escuchada y gente que lleva años sintiendo que nadie la pela. Hay privilegios, compadrazgos, enemistades, códigos, grupos de WhatsApp, vacas sagradas y hasta departamentos que se echan la culpa por tradición milenaria.

El líder sí puede cambiar muchísimo. Pero primero tiene que entender qué recibió. Por eso, después de esa clase, me quedé con una pregunta que sirve igual para gobernar un país que para dirigir una empresa: ¿Qué une realmente a tu gente? Porque poner misión, visión y valores en la pared es facilísimo. Entender las tribus que conviven diario…esa ya es otra clase.