martes, septiembre 22, 2026
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CIRCO POLITICO

 

El celular sale de la pista

Durante años nos vendieron la idea de que cada pantalla dentro del salón era una ventana al futuro. La tableta apareció como el acto estelar de la educación moderna y el celular, aunque nadie lo hubiera invitado formalmente, terminó por instalarse en primera fila. Ahora el Gobierno federal anuncia que, a partir del 3 de noviembre, se restringirá el uso de celulares y tabletas durante toda la jornada en primarias y secundarias, incluido el recreo

El anuncio tiene algo de función de circo: después de llenar la carpa de luces, alguien descubre que los espectadores ya no miran al artista. En el salón, el maestro intenta explicar una división mientras compite con videos, mensajes y juegos diseñados para reclamar la atención a cada instante.

La decisión merece tomarse en serio. Según lo informado por la Secretaría de Educación Pública, participaron más de 565 mil docentes en la consulta y 81 por ciento se pronunció a favor de regular los dispositivos. La presidenta Claudia Sheinbaum aclaró que los alumnos podrán llevar el teléfono guardado y utilizarlo ante una emergencia o una necesidad particular. También está prevista una etapa de asambleas escolares antes de aplicar el acuerdo.

Hasta ahí, la medida parece razonable. Un niño necesita aprender a leer sin revisar una notificación cada dos minutos; un adolescente necesita conversar con sus compañeros sin que el recreo se convierta en una fila de rostros inclinados sobre la pantalla. Pero las reglas de la pista deben ser claras. ¿Quién resguardará los aparatos? ¿Cómo se atenderá una llamada urgente? ¿Qué pasará con estudiantes que requieren una herramienta digital por motivos de accesibilidad? Esas respuestas deberán llegar a cada escuela antes de noviembre.

Hay, además, una contradicción que las autoridades educativas no pueden esconder bajo la alfombra del circo. Durante años se pidió a familias y maestros incorporar plataformas, tareas en línea y recursos digitales. Algunas escuelas llegaron a tratar el dispositivo personal como parte del material escolar. Si ahora se restringe su uso incluso para actividades académicas, corresponde explicar con qué recursos trabajarán los docentes y cómo se evitará que una buena intención complique la clase.

La tecnología puede servir para investigar, crear y aprender. El problema aparece cuando se convierte en el dueño del espectáculo y obliga al maestro a actuar como domador de notificaciones. Regularla durante la jornada escolar puede devolver tiempo a la lectura, al juego y a la convivencia. Para lograrlo harán falta criterios pedagógicos, comunicación con las familias y reglas que los directivos puedan aplicar sin improvisar.

En Coahuila conviene que la autoridad educativa aproveche las asambleas para escuchar a quienes conocen cada salón: docentes, estudiantes y padres de familia. La misma regla no se vive igual en una escuela urbana con buena conectividad que en una comunidad donde el celular de la familia es la única vía para recibir avisos. Los detalles importan tanto como el anuncio nacional.

El 3 de noviembre bajará el telón para el uso cotidiano del celular en primaria y secundaria. La verdadera prueba vendrá al día siguiente, cuando empiecen las clases. Si los alumnos recuperan la atención y la conversación, habrá valido la pena. Si únicamente se guarda el aparato mientras persisten las mismas carencias educativas, habremos retirado un reflector sin mejorar la función.

 

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