martes, septiembre 22, 2026
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LA MEDIA LUNA Y EL DERECHO DE PROPIEDAD AGRARIA

En agosto, Juan Preciado va llegando a Comala para cumplir el último deseo de su madre. “Buscar a Pedro Páramo (su padre) y exigirle todo lo que les fue arrebatado”.

De septiembre (mes del testamento) a noviembre, en muchas comunidades agrarias podemos sentir el contexto desolado y fantasmal que nos describe la novela de Juan Rulfo, que ha sido adaptada al menos 3 veces para el cine.

La Media Luna, aquella hacienda privada y latifundista del poderoso cacique, que representa el centro económico de la comunidad, con la extensión territorial limitada a “todo lo que se alcanza a ver”, tiene consigo una debilidad; su destino está anclado a la vida emocional de su dueño, que decide cruzarse de brazos y ver a Comala morir, después de que fallece la única mujer que amó.

En nuestra nación existen 3 tipos de propiedad amparada Constitucionalmente: la pública, la privada y la social, en la última se comprende el territorio ejidal que corresponde a cerca del 43% de la extensión territorial del país.

Según los indicadores del Registro Agrario Nacional, México cuenta con 32,266 núcleos agrarios, de los cuales 891 ejidos registrados se encuentran en Coahuila, con una superficie de 6,247,595.890,092  hectáreas.

De acuerdo a datos de este año, expedidos por la Coordinadora Nacional de Ejidos y Comunidades, solo 48% del total de los ejidos en México tienen actualizados los órganos de representación ejidal, lo cual acarrea consigo problemas legales que comprometen el adecuado uso y funcionamiento de las tierras productivas.

También en los ejidos que sí tienen órganos de representación actualizados, existen muchos conflictos legales, derivados de ventas ilegales de tierra ejidal,, problemas sucesorios, o la falta adecuada de la tramitación del dominio pleno; cuyo costo es exhorbitante en muchas ocasiones.

Por lo anterior, resulta preocupante el estado que guardan los antiguos núcleos ejidales, que en épocas antiguas, fueron igual o más importantes que la Media Luna que relataba Juan Rulfo. Sólo que ahora, ya no se trata de haciendas latifundistas y caciques; son parcelas que se encuentran en manos de ejidatarios que al igual que Pedro Páramo, han anclado su estado emocional al destino de las tierras, lo cual resulta en abandono y desinterés.

Es por ello, que urge buscar estrategias legales, que vuelvan al campo parte importante del desarrollo social, para que no proliferemos, pueblos fantasmas, cuyos únicos habitantes son los murmullos del pasado productivo.