
Andy: el hijo perfecto de Morena
Andrés Manuel López Obrador alguna vez imaginó que su movimiento trascendería generaciones. Quizá hasta soñó con ver algún día a su hijo Andrés Manuel López Beltrán sentado en la silla presidencial. Hoy las ambiciones parecen bastante más modestas: que Andy llegue a San Lázaro en 2027 y, de paso, que logre el fuero constitucional que tanto parece necesitar.
Andy renunció en mayo a la Secretaría de Organización de Morena para buscar una diputación por Tabasco. Oficialmente lo hizo porque las reglas partidistas obligaban a separarse del cargo a quienes pretendieran competir. Seguramente es eso. Pensar que alguien rodeado de semejante cantidad de escándalos pudiera encontrar atractivo el fuero sería de una malicia imperdonable.
Pero reconozcamos algo: pocas designaciones han sido tan apropiadas como la de Andy en la dirigencia de Morena.
Porque si alguien sintetiza las contradicciones de ese partido es precisamente él.
Morena convirtió “primero los pobres” en consigna nacional mientras alrededor de la familia presidencial florecían negocios, amigos beneficiados por contratos públicos y estilos de vida que difícilmente recordarían la austeridad juarista. Andy fue fotografiado en Tokio hospedándose en un hotel donde, según reportes periodísticos citados en los documentos, la noche rondaba los 22 mil pesos y una cena podía alcanzar 47 mil. También investigaciones periodísticas han señalado a integrantes de su círculo por contratos vinculados con obras públicas.
Ya saben: por el bien de todos, primero el sushi.
Pero los cuestionamientos han dejado de limitarse a restaurantes caros y hoteles de lujo. Reportajes recientes han documentado audios, testimonios y expedientes que mencionan a personas del círculo cercano de López Beltrán en presuntas operaciones relacionadas con huachicol fiscal y personajes vinculados al CJNG. Uno de los testimonios publicados refiere incluso una operación de combustible en la que habría aparecido la expresión “es un tema de Andy”. Otro reportaje reúne audios donde Jorge Amílcar Olán, identificado periodísticamente como cercano a los hermanos López Beltrán, aparece relacionado con personas señaladas como operadores criminales.
¿Eso demuestra que Andy cometió algún delito? No. Y es importante decirlo.
La FGR sostiene que no posee elementos con fuerza legal suficiente para iniciar una investigación en su contra y negó tener testigos protegidos que lo hayan señalado en los términos difundidos por diversos medios. La presidenta Sheinbaum también afirmó que no existe prueba alguna que vincule a López Beltrán con un delito.
Perfecto. Entonces investiguen.
Porque ahí está precisamente lo extraordinario: frente a testimonios, documentos, audios y publicaciones periodísticas, la reacción del oficialismo no parece ser esclarecer hasta la última duda, sino declarar rápidamente que no hay caso. Y cuando Estados Unidos le cancela la visa, Andy responde que se trata de persecución política y Morena cierra filas para denunciar una supuesta agresión contra la soberanía.
La vieja política tenía hijos incómodos. La nueva política tiene hijos inexplicablemente prósperos, rodeados de amigos exitosísimos y protegidos por un partido dispuesto a convertir cualquier cuestionamiento en conspiración.
Por eso Andy sí representa perfectamente a Morena.
El discurso es para los pobres; los privilegios, para la familia.




