
El Instituto Nacional de la Investigación del Maíz y los Buitres
En esta ocasión te platico de una, bueno varias historia de los “Buitres” y de cómo se hicieron del Instituto Nacional de la Investigación del Maíz.
Era el año de 1978, el gobierno federal tenía presupuesto destinado para la creación del Instituto Nacional de la Investigación del Maíz, el favoritismo era la para Universidad de Chapingo. Sin embargo, la manera en la cual se decidiría donde instalar dicho instituto fue como en la antigua Roma, en el Coliseo, pero sin leones y esclavos, sino jugando fútbol americano, cuando los Buitres jugaron en la Liga Mayor A.
El juego fue pactado para el domingo 28 de octubre de 1978 a las 12:00 horas en Texcoco, Estado de México; los Buitres volaron un día antes en la aerolínea Mexicana. Para muchos de estos jóvenes era la primera ocasión en la cual se subirían a un pájaro de acero.
El juego se disputó, siendo los testigos de honor el secretario de Agricultura, Francisco Merino Rábago; el rector de la Universidad de Chapingo y el rector de la UAAAN, Humberto Alvarado Sánchez mejor conocido como “Cheche”, quien también fue jugador en su momento y un apasionado del fútbol americano.
Antes de iniciar el juego, el secretario Federal les dijo a los dos rectores: “vamos apostando algo para que sea más emocionante, les propongo que se disputen la construcción y desarrollo del Instituto Nacional de la Investigación del Maíz”. El rector de Chapingo debió de pensar en sus adentros: “Estos Buitres son pan comido”; por su parte el rector de la Narro aceptó sin chistar, confiado en su gente.
Salieron al emparrillado 39 jugadores de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro que en aquel entonces tenía tan sólo 2 mil 300 alumnos, jugándose más que una victoria deportiva: era ganarse el orgullo del juego de agrónomos.
Dio inicio el juego, los Toros Salvajes de Chapingo con colores azul y blanco, mientras que los Buitres salieron con sus colores representativos, oro y negro.
Al medio tiempo de este duro juego, el marcador era de empate a siete. Ya al iniciar el cuarto cuarto, con un empate entre los agricultores, en la última serie ofensiva de los Buitres, que inició en su propia yarda treinta, avanzaron de manera ordenada, disciplinada y se ejecutó la jugada que dio el triunfo: un pase del QB Sam Lozoya, portando el número 17, a Mario Martínez, conocido como “el Perro”, portador del número 87, juagando de ala cerrada, quien se escapó 40 yardas para llegar a la zona prometida y asegurar el triunfo. La jugada fue dictada por el mismo QB, dando señas, sin duda alguna, jugándose todo en el emparrillado, a la ofensiva con una 1-4 pase optativo.
Pero el triunfo y el traer a nuestra hermosa ciudad de Saltillo el Instituto Nacional de la Investigación del Maíz no fue todo, pues los egresados de la Narro que vivían en Texcoco invitaron a los Buitres a un convivió con sus familias, esposas e hijas, dicha cita fue en una de las famosas haciendas de Texcoco. Lugar del cual fueron expulsados por los mismos Buitres ya egresados, los detalles me fueron prohibidos compartirlos por un jugador de aquel entonces, quien me pidió omitir sus generales para proteger a personas inocentes, pero todo esto puede ser corroborado con cualquiera de los 39 jugadores, que por cierto hoy esto les da risa.
Por si fuera poco, porque no lo fue todo, al llegar al aeropuerto de la Ciudad de México se pusieron a jugar poker en los pasillos, apostado a peso la jugada, cuando de repente llegó la policía y los invitó de manera muy amable que recogieran sus barajitas, pues estaba prohibido apostar.
Pero no es todo, ya en el avión, con algunas bebidas generosas de más, los Buitres empezaron a gritarse de una fila a otra, preguntándole al capitán del vuelo la hora de llegada a Monterrey, tal era el desorden que el capitán dijo por el altavoz: “O se calman o nos regresamos a la Ciudad de México, les informó que estamos sobrevolando la ciudad de San Luis Potosi”, y en eso dice un Buitre, que seguramente era de esa ciudad, acercándose peligrosamente a la puerta y tomando con sus manos la palanca: “aquí me bajo”, a lo que todos los pasajeros sin importar si eran del equipo, de la Narro o de Saltillo, gritaron al unísono: “Nooooo”.
Y esta es la historia de cómo realmente llegó a nuestra hermosa ciudad de Saltillo, específicamente a la ex hacienda de Buenavista, casa de los Buitres, el Instituto Nacional de la Investigación del Maíz, que tan alto ha puesto el nombre de la Narro en el mundo, siendo origen de un combate serio y frontal contra la hambruna del África. Siendo esto algo muy de Saltillo que vale la pena presumir.




