martes, junio 30, 2026
Inicio OPINIÓN COMPETENCIA Y COOPERACIÓN

COMPETENCIA Y COOPERACIÓN

COLUMNA DE EL COLEGIO DE ECONOMISTAS DE COAHUILA, A.C.

Más allá de las cifras de la pobreza laboral

 Por: Eduardo Gamaliel García Terán

La pobreza laboral es uno de los indicadores más sensibles para medir la capacidad del mercado de trabajo para producir bienestar. A diferencia de la pobreza multidimensional, este indicador sólo mide si el ingreso proveniente del empleo alcanza para comprar la alimentación básica. Por ello, funciona como un termómetro casi inmediato de la economía familiar y de la capacidad de compra de los trabajadores.

Las cifras más recientes del INEGI dejan una señal alentadora para la economía mexicana: la pobreza laboral sigue disminuyendo. En el primer trimestre de 2026, el 30.7% de la población no tuvo un ingreso laboral suficiente para comprar la canasta alimentaria, una disminución de 3.2 puntos porcentuales en comparación con el mismo periodo del año anterior. La mejoría también se notó respecto al trimestre inmediato anterior y se abarcó tanto a las zonas urbanas como rurales.

Desde ese punto de vista, la caída registrada es la prueba de que el mercado laboral ha seguido una trayectoria favorable, impulsada por el crecimiento del salario real, la recuperación sostenida del empleo y un comportamiento relativamente estable de la inflación alimentaria. El dato, sin embargo, también muestra una realidad incómoda: casi uno de cada tres mexicanos sigue trabajando sin ganar lo suficiente para cubrir siquiera sus necesidades alimentarias básicas.

La situación es aún más preocupante en el ámbito rural, donde el 44.2% de la población vive en pobreza laboral. Este segmento, aunque registró la mayor reducción anual, sigue teniendo una diferencia importante con las zonas urbanas, lo que refleja problemas estructurales que no se pueden solucionar sólo subiendo salarios. La baja productividad, el alto nivel de informalidad y la escasa diversificación económica siguen restringiendo las oportunidades de millones de trabajadores.

El comportamiento por entidades federativas también muestra un país sumamente desigual. Mientras estados como Baja California Sur, Baja California y Colima muestran los niveles de pobreza laboral más bajos, entidades como Chiapas, Oaxaca y Guerrero tienen porcentajes cercanos o mayores al 50% de su población. Por tanto, la mejora a nivel nacional no significa que el desarrollo económico avance con la misma intensidad en todas las regiones.

Coahuila constituye un caso particularmente interesante. Con una tasa de 22.7%, se mantiene entre los estados con los niveles más bajos de pobreza laboral del país. Sin embargo, enfrenta desafíos significativos derivados de la incertidumbre comercial y de la desaceleración que afecta a la industria automotriz orientada a la exportación. La reducción de turnos, los paros técnicos y algunos ajustes laborales evidencian la fuerte dependencia de la economía estatal respecto al mercado estadounidense. Aun así, el estado logró reducir ligeramente este indicador, demostrando que su mercado laboral conserva cierto grado de resiliencia.

Al mismo tiempo, los datos dejan una señal positiva: el ingreso laboral creció con mayor intensidad entre los hogares de menores recursos. Esto significa que quienes menos ganan fueron los que registraron las mayores mejoras relativas en su poder adquisitivo, lo que ayuda a disminuir la desigualdad y representa un avance importante en términos de bienestar. Aunque todavía queda un largo camino por recorrer, este comportamiento refleja que las mejoras salariales están llegando, en mayor medida, a los sectores que más lo necesitan.

Observar la evolución de la pobreza laboral a lo largo de los últimos sexenios también permite poner las cifras en perspectiva. El comportamiento del indicador no ha dependido únicamente de las decisiones de política económica de cada administración. Eventos extraordinarios como la crisis financiera internacional de 2008, la pandemia de COVID-19 o las recientes tensiones comerciales con Estados Unidos han tenido un impacto directo sobre el empleo, los salarios y, en consecuencia, sobre la capacidad de las familias para cubrir sus necesidades más básicas. La experiencia demuestra que el mercado laboral mexicano es especialmente sensible a los cambios del entorno económico internacional.

Reducir la pobreza laboral no puede convertirse en un objetivo de corto plazo ni depender exclusivamente de incrementos salariales. El verdadero reto consiste en construir una economía más productiva, capaz de atraer inversión y generar empleos formales de mayor calidad.