
Durante muchos años se ha extendido la versión de que el Tratado de Aguas establecido en 1944 entre México y Estados Unidos impide que se pueda construir una presa en Saltillo y Ramos Arizpe. Pero eso es un mito. En ninguna parte de ese tratado se establece alguna prohibición y, por el contrario, el propio tratado asigna a México totalidad de las aguas que lleguen a la corriente principal del río Bravo procedentes del río San Juan, en el cual descargan los arroyos de Saltillo y Ramos Arizpe. Si esa prohibición existiera, Nuevo León no habría podido construir la presa “El Cuchillo”
No existe una cláusula del Tratado de Aguas de 1944 que diga expresamente que no se puede construir una presa en el río San Juan o en sus afluentes. Esa prohibición, como suele citarse en el debate público, es más una interpretación derivada de la distribución de aguas establecida en el tratado y de acuerdos posteriores administrados por la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA).
De hecho, el propio tratado asigna a México: “La totalidad de las aguas que lleguen a la corriente principal del río Bravo procedentes de los ríos San Juan y Álamo”. Es decir, las aguas del río San Juan son mexicanas conforme al tratado.
Entonces, ¿de dónde surge la idea de que no puede construirse una presa?
El Tratado de 1944 establece qué aguas corresponden a cada país y prevé que las grandes obras sobre los ríos internacionales sean analizadas y acordadas mediante la CILA.
Aunque el río San Juan es un afluente totalmente mexicano hasta su desembocadura en el río Bravo, cualquier obra que altere significativamente los escurrimientos que llegan al Bravo podría generar observaciones o negociaciones binacionales si afecta las asignaciones previstas en el tratado.
Históricamente, México sí ha construido grandes presas en la cuenca del San Juan, incluida la presa “El Cuchillo”, inaugurada en la década de 1990. Si el tratado prohibiera de manera absoluta las presas en el San Juan, esa obra no existiría.
En el caso específico de Saltillo, cuando se afirma que “no se puede construir una presa sobre los arroyos que terminan en el San Juan porque lo prohíbe el tratado”, normalmente se está simplificando una situación más compleja. Lo que realmente debe analizarse es:
- Si la obra está en un cauce nacional o internacional.
- Si modifica volúmenes comprometidos en el Tratado de 1944.
- Si requiere revisión o acuerdo dentro de la CILA.
- Su viabilidad técnica, ambiental y económica.
Revisando el Tratado de 1944 y sus antecedentes, no hay ninguna disposición que prohíba expresamente construir presas sobre el río San Juan o sobre sus afluentes. Más bien, la evidencia apunta en sentido contrario.
Además, el tratado contempla la construcción de obras hidráulicas y presas para regular las aguas internacionales, sujetas a los mecanismos de la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA).
Hay un dato histórico muy relevante: la presa presa El Cuchillo fue construida precisamente sobre el cauce del río San Juan e inaugurada en 1994. Si existiera una prohibición absoluta derivada del tratado, esa obra no habría podido realizarse.
Lo que sí existe son preocupaciones respecto a obras que pudieran reducir los escurrimientos que finalmente llegan al río Bravo y afectar el cumplimiento de las entregas de agua comprometidas por México a Estados Unidos. Es decir, el problema no es «no se puede hacer una presa», sino si esa presa altera los volúmenes que México debe aportar conforme al tratado y las minutas de la CILA.
En el caso de Saltillo, los argumentos que suelen esgrimirse contra una presa en los arroyos que desembocan hacia Nuevo León generalmente se relacionan con:
- La disponibilidad real de agua en una cuenca semiárida.
- Los costos de construcción y conducción.
- Los derechos de agua ya concesionados.
- Los posibles efectos sobre los escurrimientos que terminan en el sistema San Juan–Bravo.
- Consideraciones ambientales y de protección civil.
Pero no existe una cláusula del Tratado de 1944 que diga literalmente que está prohibido construir una presa en la cuenca del San Juan.
¿Por qué Saltillo nunca tuvo una gran presa?
- Saltillo se desarrolló con agua subterránea, no con agua superficial. Hoy prácticamente todo el abastecimiento proviene de pozos.
- Los arroyos son intermitentes. La mayor parte del año están secos y sólo llevan grandes volúmenes durante tormentas extraordinarias.
- Las lluvias son muy variables. Una presa grande podría pasar largos periodos con bajos niveles.
- Ha resultado más barato perforar pozos que construir una gran presa y un sistema de tratamiento y distribución. Aun así, en 2025 directivos de Aguas de Saltillo reconocieron que una presa sería técnicamente una buena solución para almacenar agua de lluvia y utilizarla en épocas de alta demanda.
(OMAR SOTO/ El Heraldo de Saltillo)




