
Magnifica Humanitas
“Para un algoritmo, el error es algo que hay que corregir; para una persona, puede ser el inicio de un cambio profundo”. León XIV.
El pasado 15 de mayo se firmó la primera carta encíclica del papado de León XIV, “Magnifica Humanitas” (sin tilde, del latín original), coincidiendo de manera evidente, con la fecha del 135 aniversario de la encíclica más famosa de la historia: “Rerum Novarum” de León XIII. Ambas cartas papales convergen en un reto común, la primera, ante la revolución industrial, la segunda, ante la revolución digital.
Más allá del contexto religioso, el documento de 110 páginas publicado por la oficina de prensa del Vaticano motiva hacia la reflexión. Nos habla de un cambio de época en el que algunos participan activa y tecnológicamente, pero la mayoría de las personas permanece expectante, observando de lejos y aguardando a que todo salga bien.
El pontífice aclara que su objetivo no es ofrecer un tratado sobre Inteligencia Artificial (IA), pero sí relacionarla con la evolución social: la tecnología puede curar y conectar, pero también dividir y generar injusticias.
Pide reflexionar sobre el bien común y la justicia social, pero también aborda la educación, migrantes, refugiados, pobreza, violencia, cambio climático, desarrollo humano, desempleo, economía, guerra y la nueva libertad ante el colonialismo de datos, lo que define como la nueva “tierra rara” del poder, esa información vital que una vez correlacionada y entrenada puede usarse para seleccionar quién y qué importa.
La riqueza cultural del discurso es fundamental para entender la diferencia entre lo tecnológico y lo humano. Desde las referencias sobre Hannah Arent y la automatización del pensamiento; Víctor Frankl y el vacío existencial, o Tolkien y la responsabilidad generacional, la encíclica defiende nuestra humanidad desde el pensamiento de Platón, Martin Luther King, Mandela, María Montessori o la genialidad de Picasso y de Beethoven.
Propone así, cinco vías de responsabilidad cotidiana y pública: desarmar las palabras, construir la paz en la justicia, asumir la mirada de las víctimas, cultivar un sano realismo y relanzar el diálogo y el multilateralismo, en el mejor afán de que una magnífica humanidad ilumine también la época de la IA.
En tiempos de monopolio digital y tecnológico, leer un libro, es hacer revolución. Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.




