
Trapecistas, domadores y payasos electorales
La función electoral en Coahuila ya va a media carpa y el espectáculo comienza a mostrar quién domina realmente la pista y quién solamente vive del maquillaje, las luces y las redes sociales. El próximo 7 de junio se renovarán las 25 diputaciones locales del Congreso estatal, en una elección donde las estructuras pesan más que los aplausos digitales.
Hasta ahora, el oficialismo actúa como el viejo maestro de ceremonias que conoce perfectamente el ritmo del espectáculo. Sus candidatos no están apostando al circo mediático; trabajan tierra, operación política y presencia territorial. Mientras otros lanzan fuegos artificiales en TikTok, ellos recorren colonias, saludan liderazgos y mueven estructuras silenciosamente.
Y en elecciones locales, ese tipo de trapecista suele caer parado.
Morena, en cambio, parece un domador intentando controlar demasiadas fieras dentro de la misma jaula. Tiene candidatos competitivos y una marca nacional fuerte, pero su campaña se dispersa entre grupos internos, mensajes distintos y estrategias contradictorias. Mientras unos venden cercanía social, otros basan toda la función en confrontación y ataques.
El problema es que el público termina sin entender cuál es realmente el acto principal.
Movimiento Ciudadano juega el papel del acróbata moderno: buena imagen, campañas visuales y dominio digital. El detalle es que muchas de sus candidaturas parecen diseñadas para conseguir likes y no votos. Mucho reflector, poca estructura. Y en Coahuila, las urnas todavía no se llenan con filtros ni reels.
El PAN aparece como el viejo ilusionista del circo que intenta repetir trucos que antes provocaban ovaciones, pero ahora apenas generan curiosidad. Hay candidatos esforzándose individualmente, aunque el partido sigue transmitiendo desgaste y falta de identidad.
Pero la peor decisión estratégica de esta campaña la está tomando buena parte de la oposición: convertir toda la elección en una guerra de ataques sin construir propuesta propia.
Ese es el verdadero acto fallido bajo la lona.
Muchos candidatos pasan más tiempo intentando golpear al rival que explicando por qué merecen llegar al Congreso. Confunden confrontación con posicionamiento político. Y aunque el ataque puede encender aplausos momentáneos, termina agotando al electorado cuando detrás no existe una narrativa sólida.
El ciudadano escucha gritos, pero sigue esperando soluciones.
Otro error evidente es la sobreconfianza digital. Algunos equipos políticos creen que un video viral equivale a intención de voto. Confunden reproducciones con estructura electoral y comentarios con movilización territorial.
Pero Coahuila sigue funcionando como un circo de operación política tradicional: representantes de casilla, liderazgos seccionales, movilización y estructura territorial. Ahí se está definiendo realmente la función.
Además, esta elección ya funciona como ensayo rumbo al 2027. Muchos candidatos no buscan solamente una curul; quieren boleto preferencial para alcaldías, dirigencias partidistas y futuras sucesiones políticas.
Por eso la tensión comienza a sentirse detrás del telón.
Mientras tanto, desde las gradas, el ciudadano observa con desconfianza a trapecistas, malabaristas y payasos electorales que prometen milagros bajo los reflectores. Porque en política, como en el circo, llega un momento donde el público deja de sorprenderse con los trucos y empieza a preguntarse quién realmente sabe sostener la carpa cuando se apagan las luces.
“Esperemos a que se acabe el circo, para verle la cara a los payasos”
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